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INTERNACIONAL
1142 votos | Notas Destacadas | 05/06/2006


Entorno tecnológico. En aguas profundas.

La insaciable sed mundial de petróleo estimula el auge de exóticas variedades de tecnología de exploración en los océanos.

"Si hace cinco años usted hubiese venido con la idea de un pozo direccional que llegara a 7 mil 620 metros, yo le hubiera dicho que estaba soñando. Pero ahora los estamos perforando uno tras otro." Así se expresa Brian Kuehne, viejo perforador de Royal Dutch/Shell.


El y sus colegas del sector de perforación de la empresa fueron reunidos en la oficina regional de la empresa en Nueva Orleáns para rendir un informe sobre el impacto de los recientes avances tecnológicos en la exploración y la producción petrolera (E-P).

Con extravagantes planos y diapositivas, historias resumidas y anécdotas personales, los perforadores señalaron que los asombrosos avances estaban transformando su industria. Escéptico, el corresponsal se dirigió a la plataforma Ursa de Shell en el Golfo de México para verlo por sí mismo. Los perforadores estaban equivocados: sus aseveraciones resultaron muy moderadas.

Esta plataforma, que costó un millón 500 mil dólares, es una de las más avanzadas del mundo. Para empezar, su excepcional diseño de "piernas estiradas" le permite asentarse sobre mil 158 metros de aguas peligrosas, profundidad que se hubiese pensado inconquistable hace unos cuantos años. La ciudad flotante de acero está equipada con tal abundancia que su sala de control parece extraída de Viaje a las estrellas. Ursa produce tanto petróleo -alrededor de 115 mil barriles al día-, que ha pagado su costo en menos de tres años de operación.

Y aún hay más. El día en que el corresponsal llegó, la tripulación perforó un complicado pozo multidireccional que torció y sesgó su camino hacia un yacimiento de petróleo ubicado a 8.5 kilómetros de la plataforma. Han pasado los días en que se encallaba en un campo petrolero y se perforaba verticalmente para alcanzarlo. "Perforamos pozos de la misma manera durante 100 años", dice Raoul Restucci, jefe de la Compañía de Exploración y Producción de Shell. "Pero sólo en años recientes hemos visto cambios dramáticos en tecnología que reducen mucho el costo de obtener una molécula de petróleo." Restucci debe saberlo: su empresa ha producido dos terceras parte de todo el petróleo de aguas profundas que se ha extraído del Golfo de México.

El secreto del éxito de Shell en esos peligrosos terrenos es la tecnología. Sin embargo, no es la única empresa que lleva a sus límites la tecnología E-P. ExxonMobil, la otra compañía importante que investiga en serio ese conocimiento tecnológico, también utiliza plataformas marítimas de gran profundidad.

En los laboratorios de ExxonMobil en Houston, varios equipos conformados por los mejores investigadores muestran una impresionante exhibición de la tecnología que respalda el gasto anual de 10 mil millones dólares de la empresa. La compañía ha propuesto técnicas de imagen sísmica que permiten visualizar las reservas en minutos, en lugar de los meses que hubiera llevado hace unos años.

¿Cómo? Software ingenioso y algoritmos avanzados son parte de la respuesta. Pero la fuerza bruta también tiene su lugar. Empotrada detrás de la pantalla semicircular de un anfiteatro de realidad virtual en el laboratorio de ExxonMobil está una infraestructura informática de punta con valor de más de 80 millones de dólares, que incluye supercomputadoras (conocidas como el "cerebro analítico" de la empresa). Pregunte a los investigadores residentes si las afirmaciones sobre los cambios tecnológicos de años recientes son exagerados, y la respuesta es tan rápida como vehemente: "Estamos en la cúspide de impresionantes adelantos tecnológicos en exploración y producción".

¿Por qué ahora? Parte de la respuesta descansa en la enorme promesa de exploración en aguas profundas, frontera final de la industria petrolera. Fue el desarrollo de tecnologías como la imagen sísmica lo que alentó a las empresas a aventurarse en esos inhóspitos (y al mismo tiempo poco prometedores) terrenos. A su vez, el éxito temprano y espectacular de desarrollos como Ursa ha provocado aún más innovaciones.


La última frontera

Durante el siglo pasado, todos los continentes (con excepción de la Antártida) han sido perforados hasta su agotamiento, y los geólogos creen que hay pocos campos enormes que descubrir en tierra. El único territorio virgen está bajo el mar.

Perforar bajo el mar no es nada nuevo. Durante décadas el Mar del Norte y la costa del Golfo de México han sido grandes productores de petróleo. No obstante, hasta hace poco, muchos geólogos estaban convencidos de que el petróleo marítimo sólo podría hallarse en aguas poco profundas. Las rocas favorables a la acumulación de petróleo, argumentaban, sólo se encontraban en las antiguas deltas de ríos y otras formaciones cercanas a la costa.

Los veteranos de la industria recuerdan que hace apenas unos años la idea de encontrar petróleo a miles de metros bajo el agua era ridícula. Sin embargo, gracias a los adelantos como la imagen sísmica -más algunos golpes de suerte de intrépidos pioneros en aguas profundas-, esa visión ha caído en el desprestigio. Los principales actores del petróleo apuestan que bajo los océanos de Brasil, Africa Occidental y el Golfo de México yacen cautivas enormes cantidades de crudo.

En el vuelo de Nueva Orleáns a Ursa, puede verse allá abajo la historia de la explotación marítima de Estados Unidos como una abigarrada escena de una pintura de Brueghel. Las aguas poco profundas rebosan de actividad, en tanto tractocamiones petroleros, barcos de carga, buques perforadores y demás equipo hacen su tarea. Los cielos están llenos de helicópteros que transbordan tripulaciones desde y a los tractocamiones. Y escondida bajo la superficie hay una red de tuberías que conducen a tierra el petróleo y el gas.

En la actualidad, toda esa actividad desaparece a lo largo de una línea donde el nivel submarino se hunde a 457 metros. Pero James Dupree, cabeza de la producción en aguas profundas del Golfo de México de British Petroleum, pronostica que en una década un mapa similar mostrará infraestructura que se extenderá en aguas donde la profundidad es de más de mil 524 metros. Pero volver realidad esa imagen será uno de los mayores retos que la industria petrolera ha enfrentado nunca.

Eso, en razón de que encontrar, perforar, producir y transportar hidrocarburos desde aguas muy profundas puede ser atrozmente caro sin varios progresos en tecnología E-P. Aunque el panorama no es claro para la industria en su conjunto, las pocas empresas con suficientes yacimientos profundos prefieren la visión de largo plazo y consideran una inversión prudente y necesaria los miles de millones de dólares que se requieren para desarrollar esas tecnologías. Como expone Ken Miller, vicepresidente de tecnología de la unidad de investigación marina de ExxonMobil, "sin duda esto acelera el desarrollo tecnológico, porque sencillamente no podemos gastar de 30 a 40 millones de dólares por cada pozo de prueba en aguas profundas".


Además de la carrera por las aguas profundas, otras tres fuerzas provocan el frenesí tecnológico de las grandes petroleras. La primera es la necesidad de exprimir más los campos existentes, lo cual tiene sentido, y no sólo porque quedan pocos elefantes por descubrir. Un siglo después del primer borbotón que emergió en Spindletop, Texas, descubrir nuevos campos petroleros e intentar desecarlos es más un error que un acierto.

La tasa promedio de recuperación de un campo petrolífero permanece en un deprimente 30-35 por ciento. En otras palabras, de todas las existencias probadas de petróleo de cierta reserva, las empresas, de manera usual, comercializan sólo una tercera parte. Así que la tecnología que eleve 5 por ciento las tasas de recuperación en el portafolio de una empresa contribuiría mucho más al punto crucial que la caza de nuevos campos elefantes por explotar.

La clave no radica en simplemente seguir sacando petróleo de las reservas principales, sino en perforar pequeños campos cercanos, antes poco rentables, con el empleo de herramientas como los pozos multidireccionales. Euan Baird, jefe de la compañía de servicios petroleros Schlumberger, aspira a desarrollar técnicas -en particular monitores de tiempo real para los pozos- que dentro de una década elevarían la tasa de recuperación de 50 a 60 por ciento.

Fuente: Economist Intelligence Unit


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