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Con el GNL Uruguay se asegura las reservas energéticas para el futuro

15/01/2013 | LATINOAMÉRICA | Actualidad | 1205 lecturas | 408 Votos



Marta Jara, Gerente Técnica de Gas Sayago S.A., retornó a Uruguay el año pasado para ponerse al frente del proyecto de la planta de regasificación de gas natural licuado (GNL) de Puntas de Sayago. Afirma que una planta de esas características da mayor independencia que un gasoducto que nos una a una sola fuente. A continuación, un resumen de la entrevista.




-¿Cuál es la mejor estrategia para cubrir la mayor demanda energética global?

-La sabiduría está en diversificar. No se ha identificado una tecnología que sea claramente la ganadora, lo que se ve es la necesidad de repartir las apuestas. También es una forma de no saturar ningún sistema. Por ejemplo, los aerogeneradores eólicos utilizan metales para su construcción que son escasos y por tanto el pasaje a ese tipo de estructuras no puede ser masivo; las plantas hidroeléctricas asimismo tienen su contracara en la navegación, por ejemplo. No hay ninguna energía que podamos decir que si nos dedicamos a ella abastecemos a todo el mundo sin generar problemas. Un ejemplo interesante son los escandinavos, que aunque tienen recursos en hidrocarburos apostaron a la energía eólica.

-Antes de proyectar la regasificadora, se planteó la posibilidad de instalar gasoductos integrados a la red de los productores de la región. ¿Hubiera sido una opción mejor?

-Desde el punto de vista estratégico, es más importante una planta regasificadora. Con una planta se diversifican las fuentes de obtención del recurso, lo que le da una flexibilidad que nunca se tendrá en un gasoducto que uniría al país con una sola contraparte, generando una dependencia que no es aconsejable. Estuve del otro lado del mostrador en México, impulsando el proyecto para una empresa, mi responsabilidad es conducirlo de la mejor manera para el beneficio del país y estoy convencida que este es el mejor camino.

EL GAS EN URUGUAY

-¿Uruguay ingresa muy tarde en el sistema de regasificación de GNL?

-Hasta ahora no lo necesitamos. Si lo hubiéramos hecho dos o tres años antes quizá no estaríamos corriendo como lo hacemos ahora, pero Uruguay no había tenido un crecimiento económico tan fuerte.

-¿Podría haberse hecho antes?

-Sí, pero es difícil tomar la decisión porque nadie quiere preinvertir, ya que eso conlleva costos importantes. Ahora se asumió que es necesario afrontar una inversión de esa naturaleza para garantizar el crecimiento de la próxima generación. En los períodos de bonanza hay que utilizar los recursos para asegurarnos lo que vamos a necesitar en el futuro: el país tiene credibilidad, tiene recursos financieros y el cuello de botella energético está en el horizonte. Cuando Shell México invirtió en desarrollar la adora de Altamira, tenía la necesidad de acceder a ese gas en un horizonte que no iba más allá de tres años. Había una estrategia detrás, sí, pero también urgencias. No sobró nada de tiempo.

-La planta se ha definido como de "escala regional". Si no se vende a Argentina los excedentes serán importantes…

-El proyecto en sí no es más grande que otros que he dirigido pero su impacto será mucho mayor: es la única entrada confiable de gas en Uruguay, la apuesta que ha hecho el país para tener la reserva de energía que necesita. La que se montará en Puntas de Sayago será una planta con capacidad de hasta 10 millones de metros cúbicos. Es la reserva de energía que el país necesita. Si actualmente se utiliza menos, se producirá menos, eso no es un problema.

La gran demanda del gas será termoeléctrica, para la central de ciclo combinado de Punta del Tigre de UTE; después hay posibilidades de reconvertir otras plantas de generación más pequeñas y además aplicaciones que pueden ser interesantes y que en el mundo se están estudiando, como el transporte. Buquebus compró un barco que puede funcionar con GNL. También puede llevarse en camiones o barcazas, como un gasoducto virtual, suministrando este producto en algunos puntos del interior donde se pueden desarrollar nuevos mercados.

Con el transporte de pasajeros, hay países que están trabajando con flotas de transporte pesado con gas licuado, no comprimido, son todas posibilidades a desarrollar. Por otra parte, si bien se están construyendo muchas plantas de regasificación en el mundo, no hay riesgo de abastecimiento para la que va a tener Uruguay; los volúmenes que podemos manejar en nuestro país son absolutamente marginales para el mercado mundial, por lo tanto, a precios de mercado, no tendremos inconveniente para obtener el producto.

-¿Con qué combustibles compite directamente el GNL?

-A corto plazo, con el diesel, hay muchas plantas que son duales o se pueden reconvertir. A más largo plazo, compite con el carbón con grandes ventajas: el carbón tiene desafíos de logística muy difíciles, con ciclos de inversión mucho más largos y además las plantas de energía limpia a partir de carbón son significativamente más caras. Por tanto, la expectativa del gas es que se convierta en el gran combustible de esta era. Desde el punto de vista económico, es más eficiente, y por lo tanto más barato que el petróleo.

-Se dice que el gas natural es el combustible de transición, ¿es así?

-Correcto, pero una transición que va a ser bastante larga, tomando en cuenta las necesidades que crecen en el mundo y las posibilidades de desarrollar energías renovables. Es la forma de ir descarbonizando el sistema energético, moviendo el mundo hacia el consumo del gas. No es sencillo, porque tiene que haber un balance entre abastecer la demanda, con el ritmo que tiene que ser abastecida, a precios razonables y buscando un equilibrio respecto del impacto ambiental.

-Sin embargo, hay quienes pronostican que el petróleo seguirá siendo el combustible más utilizado…

-Se acabó definitivamente el petróleo fácil. El gas es el combustible fósil con menores huellas de carbono. Tiene una plusvalía de eficiencia que no tiene el combustible líquido y en cuanto al aire, no presenta contaminantes. Esa transición está en proceso desde hace tiempo. La empresa de la que yo vengo (Shell) tiene actualmente mayores reservas de gas que de petróleo. Las empresas avanzan en esa dirección, entre otras cosas, porque el petróleo más fácil de obtener ya se ha obtenido y ahora la extracción y producción necesita de mayores inversiones, riesgos e impacto ambiental. Todas las proyecciones nos muestran que el gas natural sigue creciendo, que la predominancia del petróleo va a bajar y que habrá un menú mucho más variado de opciones, entre ellas, el gas será el de mayor crecimiento.

-¿La mejor opción son las energías renovables?

-Evidentemente ofrecen el mejor panorama en cuanto al bajo impacto ambiental, pero hay que compensar los demás aspectos de esa ecuación, y es en ese balance donde el GNL ocupa un lugar que genera muchas expectativas. Uruguay es un país privilegiado. Tiene un gran potencial hídrico, está comenzando a aprovechar su potencial eólico, y en ambos casos, son energías con costos variables muy bajos. Pero es claro que hace falta energía firme, en grandes cantidades, y para eso está el gas natural.

-¿Qué cambió en el mercado con la irrupción del "gas de esquisto"?

-Estados Unidos pasó de tener la expectativa de ser un enorme importador, a dejar de comprar en el exterior. La infraestructura montada en su momento para regasificar pudo ser reversible para transformarse en plantas de licuefacción y facilitar la salida del gas. Además, aparecieron recursos que resultaron una contribución muy grande al mercado de GNL, no solo en términos de volumen, donde Estados Unidos se aseguró el suministro para varias generaciones, sino también en el impulso que esta actividad encontró en un país donde si las oportunidades están, los negocios se hacen.

Fuente: El País

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