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Un siglo atrás, en el sur de Chubut se extraía petróleo en suelo argentino por primera vez.

14/12/2007 | ARGENTINA | Noticias Destacadas | 2046 lecturas | 579 Votos




Será cierto que los dueños de los campos dejan bien sueltas a las ovejas para ver si vuelven con alguna marquita negra y así arrancarle algún dólar más, alguno más de los que recaudan por el alquiler, a los concesionarios de los yacimientos sobre los que se despliegan sus tierras? Que sí, que suelen hacerlo, nos despabila uno de los baqueanos que nos guía por este áspero entramado de caminos en el sur de Chubut. Que el negocio –pasamos a concluir– abarca también estas minucias, de tan grande que es.


Tomemos en cuenta que bajo estos campos de la cuenca del golfo San Jorge, embebidas en las rocas de las profundidades, aguardan por su extracción la mitad de las reservas petroleras de la Argentina. Sólo en Cerro Dragón, el yacimiento más productivo de todos –enorme como 17 veces la Capital– fluye cerca del 14% del crudo del país. Bastó con una aproximación a la silueta de un dragón agazapado para que lo bautizaran así.

El viento después desfiguró la bestia mitológica y quedó un cerro que no parece más vistoso que el valle –tampoco puntualmente bello– al que llaman Valle Hermoso. Claro: no hace tanto tiempo, en la zona había árboles; había un río con agua. "Si no, ¿a quién se le podía ocurrir semejante nombre?", dice Rafael Sekarich, justo cuando veníamos pensando en eso. Nos invita a seguir su camioneta hasta la cima de un promontorio que habilita una panorámica de un lugar al que llamaríamos un pueblo, de no haber aprendido a tiempo que ésa es una palabra ajena en una geografía donde a los pueblos hay que llamarlos campamentos petroleros.

Es que el petróleo fundó y dotó con ambición de Estado estos asentamientos humanos, crió seres petroleros de punta a punta de sus vidas. Como Sekarich, hoy gerente de buen vehículo y pilcha, ayer un pibito de gomera al cuello, con un equipo de extracción picando la tierra frente a la ventana de su casa. A la casa se la comieron los tamariscos, pero el pueblo, el campamento, sigue aquí. Astra –así se llama – supo tener cine/teatro, matadero propio y un gran edificio de dos plantas –hoy reciclado– donde funcionaban las oficinas de la compañía. Si alguien moría en Astra, al dejar la sala velatoria en su último viaje, el coche que lo transportaba hacía una parada obligatoria frente al edificio, donde el administrador, inviolable regla, salía a la puerta a bendecir el cortejo.


En Astra llegaron a trabajar más de mil obreros. Hoy los habitantes rondan los 150. Todavía hay una pequeña operación petrolera, pero el campamento sobrevive como un barrio tranquilo de la ciudad a la que el país le debe un gran hito histórico: en Comodoro Rivadavia hace exactamente cien años comenzó la era del petróleo comercial en la Argentina.


LOS SEGUNDOS SERAN LOS PRIMEROS


Perforación sigue bien. Profundidad 539 metros inyección sube siempre espesa aumento hubo muy poco. Se está en un terreno que es imposible pasarlo de tan duro. Garantimos que es kerosén de la mejor calidad todo en buen estado.










Con su tosca redacción original, el telegrama firmado el 13 de diciembre de 1907 por Humberto Beghin y José Fuchs –los hombres que estuvieron en la boca del pozo el día que el petróleo fluyó por primera vez en Comodoro– todavía transmite su vibración.

El pozo número 1, perforado en un sitio donde hoy queda el centro de la ciudad, resultó un fracaso. El pozo descubridor fue el número 2, hoy una leyenda, que quedó debajo de un monolito en el patio del Museo Nacional de Petróleo. "Todo museo implica una posición política. Y éste cuenta la historia de la YPF estatal", se sincera la arqueóloga Gloria Arrigoni, la directora. Como vecina comodorense, forma parte de esa mayoría que no vive de los suculentos salarios de la industria petrolera hoy controlada por los privados.

Y no es para nada un detalle en una ciudad que llega al gran aniversario atravesando un pico de expansión económica y consecuente explosión del consumo. "Un boom que no es para todos –distingue la arqueóloga–. Es abismal la brecha entre el 16 por ciento que vive directamente del petróleo y el resto de la gente." Su sueldo de 3.000 pesos podría resultar codiciado en otro contexto, pero no aquí, donde el alquiler de un departamento de dos ambientes no baja de los 2.000 pesos. Y se llegan a pagar 8.000 por las llamadas casas "gerenciales".


CIEN AÑOS, CIEN DOLARES


Es una "inflación" ligada a una cotización internacional récord. Aunque no es lo que se paga en el mercado interno ni el valor real de exportación, la Argentina cumplirá sus cien años de historia petrolera con el barril rozando los cien dólares en la medida de referencia mundial. La reactivación del negocio no implica que aún logre revertirse la tendencia declinante en la producción, que se arrastra desde hace una década. Si en 1998 se llegó a un pico de 50 millones de metros cúbicos anuales, este año –según estadísticas de la Secretaría de Energía de la Nación– sumaron 30,5 millones entre enero y octubre.

Cerca de un 3 por ciento menos que la producción en el mismo período de 2006. Una explicación es que en el país se sigue sacando petróleo de pozos que están muy maduros y ya alcanzaron su pico de rendimiento. "Desde los \'90, se extrae pero no se explora en la misma proporción", resume Gustavo Lahoud, especialista del Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales, de la Universidad de El Salvador.

"Las empresas justificaban la baja exploración cuando el barril había caído a 11 dólares, pero ¿ahora?", inquiere su clega Ricardo De Dicco, autor del libro 2010 ¿Odisea energética? , recientemente publicado. Dado que es difícil imaginar una vida sin petróleo, la cuestión de las reservas –es decir, el volumen de hidrocarburos que se pueden extraer en condiciones rentables– es un tema sensible.

"Las reservas son un concepto económico. Pero no hay un problema de reservas sino de precios. El petróleo se acaba el día que no cierre la relación entre el costo de producirlo y el precio, el día que ya nadie quiera pagarlo", sostiene Roberto Cunnigham, del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), ente técnico que reúne a las grandes empresas del rubro. Otros se animan a los cálculos finos. Para De Dicco, el horizonte no supera los ocho años.

A lo sumo dos más si se cuentan las reservas probables, que son las descubiertas pero aún no medidas. Según dicen, la Argentina todavía no padece el precio internacional porque prácticamente se autoabastece. Pero podría pasar a ser un país importador  de petróleo, y cada vez más caro. Lo que nadie discute es que, como fuente no renovable, en algún momento el crudo se agotará. Y habrá que reemplazarlo.

En Comodoro por fortuna también hay mucho viento, y el parque eólico montado sobre los cerros abastece casi el 20 por ciento de la energía eléctrica. Los molinos se alternan, balconeando la ciudad, con los equipos de bombeo de petróleo, las cigüeñas, que chupan las 24 horas. Sólo paran si hay que repararlas. Los barcos que se van de Comodoro con petróleo vuelven con la nafta y el gasoil que se consume en la ciudad. Se almacena en una planta a tres kilómetros del centro, y del tránsito de los camiones tanque por un calle angosta entre los acantilados y el mar depende el abastecimiento en la zona.

Una circunstancia bien aprovechada por los jubilados de la YPF estatal –los ypefianos –, que cortaron esa calle en el pico de su impaciencia por una deuda que lleva una década. Cuando se privatizó la empresa, de 5.000 trabajadores quedaron 400. A los que se fueron les tocaba, por ley, una parte de las acciones. "Pero fueron vendidas en forma inconsulta por el Estado y nunca cobramos nada", explica Ramón Heredia, ex empleado administrativo, que nos recibe en el viejo colectivo/casa rodante utilizado como sede de debate. Dice que la Corte les dio la razón y que con la protesta lograron que el Gobierno nacional se comprometa a pagar... pero el año próximo.


UNA CIUDAD COLAPSADA


Cuando durante una tregua los ypefianos habían despejado la calle, gastó un simple mensaje de texto alertando sobre un nuevo corte para que en unos pocos minutos brotaran los nervios y las filas de dos cuadras para cargar nafta. Recién cuando en la radio aclararon que era una broma inoportuna, la situación se normalizó. La falta de combustible es un drama en una ciudad con 1,4 autos por familia, según se calcula, y una crisis de tránsito y estacionamiento. "Es una ciudad que está colapsada. La población creció con mucha velocidad y la infraestructura no va al mismo ritmo.

El sistema de salud está saturado. Intenta internarte en un hospital o en una clínica...", desafía César Herrera, docente de macroeconomía de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Impactan las casas que construyen en los novedosos countrys frente a la playa en Rada Tilly, a 12 km de la ciudad. Dicen que Comodoro es récord en venta de plasmas y cualquiera que pasea de noche por la costanera puede ver a través de los ventanales los grandes lívings con las enormes pantallas fijadas en las paredes. "Puro exhibicionismo.

No ponen cortinas para que se vea lo que tienen", se enoja la directora del museo petrolero. El problema queda para los que no viven directamente del "oro negro". Como Paola Villarroel, profe de educación física que trabaja en cinco escuelas y en un gimnasio –arranca a las siete de la mañana y llega a su casa a la diez de la noche– para juntar una suma que alcance. "Vivimos una poca buena, pero hay que crecer con equidad. Si crecemos a borbotones no va a haber espacio ni para poner una planta", dijo el intendente electo Martín Buzzi al presentar su gabinete.


ALTO EN LA TORRE


El colombiano Carlos Vargas es propenso a las imágenes poéticas. Nos cuenta sobre la "culebra roja" que dibujan en la ruta los micros que transportan a los trabajadores. "Esta zona es energía viviente", se entusiasma. Gerente de torres de la Unidad Golfo San Jorge de Pan American Energy, es uno de los tantos extranjeros que llegaron detrás de los salarios del petróleo. La empresa está repartida entre la British Petroleum (60%) y la argentina Bridas (40%). Desde su base operativa, a cien kilómetros de  la ciudad, partimos hacia el campo profundo.

Milton Aguilar nos invita a pasar al trailer que fue su casa los últimos diez días. Es jefe de un equipo de perforación y la torre que ve desde la ventana es su foco total de concentración. Como si no le bastara contemplarla en vivo, puso una foto de la mole metálica como protector de pantalla de su PC. Es un momento delicado de la operación: el trépano ya cavó el pozo y ahora los "viejos"–como llaman, amén de su edad, a los muchachos del petróleo– lo llenan de caños. No es como en Irak donde se pincha el suelo y el fluido sale: en la zona se llegó a un récord de 4.100 metros.

Una profundidad equivalente a la distancia que hay entre Constitución y la avenida del Libertador, yendo por la 9 de Julio. "La gran motivación es la parte económica. Pero con los años te das cuenta de lo que perdés... y el cuerpo te pasa factura", dice Milton. El trabajo en la boca de pozo exige respeto a las reglas: por ejemplo, jamás hay que darle la espalda a un caño. Un desplazamiento provocado por el viento puede ser fatal. La empresa tiene 2.390 pozos en producción y sumará más de 200 en 2008.

"Será una etapa de agresividad de la inversión, debido a la extensión de la concesión", explica Ricardo Srebernic, vicepresidente de Operaciones de la firma. PAE acordó con la provincia – sueña del subsuelo– continuar su contrato hasta 2027. ¿No era que en diez años no quedará ni una gota? Para entender lo que mueve la compañía son útiles algunos datos: tiene 3.530 vehículos a su servicio, que en el último año recorrieron 74 millones de kilómetros.

De los 3 millones de metros cúbicos de crudo que se produjeron en octubre de 2007 en el país, el área de Cerro Dragón se anotó con unos 420.000. Mauro Soria –29 años, ingeniero – llegó al sur para armarse una vida. "Vine a Comodoro porque al lado de otras ciudades petroleras acá hay movimiento y bastantes cosas para hacer", pondera. Con familia en Neuquén, pudo haber optado –lo pensó– por otro epicentro petrolero: Rincón de los Sauces, en el límite con Mendoza. Seguramente hubiera compartido la primera impresión con Persi Ardaya, que se instaló en este paraje neuquino en el \'92.

"Llegué en avión y cuando vi el pueblo desde arriba dije: \'Dios santo, ¿adónde me vine?\'", evoca ahora en su oficina en el yacimiento Chihuido se la Sierra Negra, que explota Repsol YPF. Persi controla los 385 pozos que extraen 2.600 metros cúbicos por día. Cuando llegó, el régimen era de diez días en el campo y cuatro de descanso. Las escuelas estaban al límite. Por eso se instaló con su familia en Centenario, a 200 kilómetros. "No teníamos idea si había pasado algo en casa. Volvíamos, y éramos como extraños", recuerda. Medio siglo atrás, Rincón de los Sauces era un paraje dedicado a la ganadería trashumante.

Todo cambió cuando YPF descubrió petróleo. El pueblo genera hoy casi la mitad de los ingresos del presupuesto neuquino, de unos 4 mil millones de pesos. Cada lunes llegan cinco mil trabajadores, que los viernes vuelven con sus familias. A las petroleras les conviene más transportarlos que pagarles un alquiler. Una casa de dos dormitorios cuesta entre 1.500 y 2.500 pesos por mes.

Aquí, un "boca de pozo" cobra unos 4 mil pesos sin demasiada antigüedad; un operador de topadoras, entre 4.500 y 5.000. Por eso, cuatro familias llegan por día a Rincón en busca de trabajo. Lo que sobra son los casinos (hay cinco). Y los cabarets: oficialmente son cinco, aunque los trabajadores petroleros aseguran que suman 17.


COSA DE MUJERES


La Caterpillar D 6 R va moviendo montículos de tierra, bajo un sol enfurecido. Al comando va Daniela Santana, de 35 años y una de las veinte maquinistas que la empresa OPS contrató para conducir equipos pesados. Trabaja entre 10 y 12 horas, con una grilla de 12 días corridos por 4 de descanso. Pero ve las cosas con sentido práctico: "Quiero hacerme de un capital propio". Sabe de la diferencia: fue empleada doméstica y trabajó en un casino. "Antes, para progresar, tenías que casarte con un petrolero", dice. La vida petrolera ya quedó atrás para María Ester Páez y Juana Nievas Sandoval, activas en la protesta de los jubilados en Comodoro.

"YPF era todo. Yo recorrí el país porque hasta pasajes gratis de avión nos daban", añora Juana. En el barrio que homenajea con su nombre a Enrique Mosconi –el militar que organizó YPF y marcó su impronta estatal– los ypefianos tenían una gran proveeduría que los abastecía de todo. El edificio ahora está hecho una picardía de pintura, alojando un colegio, un banco, un bar... María Ester era empleada administrativa. "YPF era un seguro de vida, pero nosotros le pusimos mucho esfuerzo y nunca nos reconocieron –se apena– . El sentimiento, te juro, es parecido al de los excombatientes de Malvinas. Vivimos en un duelo permanente

Fuente: Clarín

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