
El Gobierno nacional, las empresas y los gremios acordaron una serie de pautas básicas para reactivar la exploración, la producción y el empleo.
El mes de enero se cerró con la firma de un acuerdo laboral que podría significar el despegue definitivo de las inversiones orientadas a poner en valor el shale de la cuenca Neuquina. Durante la rúbrica, efectuada en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el presidente Mauricio Macri prometió ni más ni menos que “una revolución en Vaca Muerta”.
Acompañado por los ministros de Trabajo y Energía, Jorge Triaca y Juan José Aranguren, respectivamente, el mandatario destacó la importancia de “modernizar la organización del trabajo” dentro de la actividad, con el propósito esencial de “lograr un mayor nivel de eficiencia” y así captar “miles de millones de dólares por año”.
Con algunos retoques con respecto a la versión anunciada unas semanas antes, el convenio postulado por el Gobierno nacional fue aprobado por las mayores operadoras y los gremios del sector. En nuestra próxima edición, publicaremos un informe especial con el testimonio de estos principales actores involucrados.
Entre otros ítems, el acuerdo habilita el uso general de contratos a término (que de ese modo dejarán de tener carácter excepcional), permite redimensionar los planteles de personal, modifica los esquemas laborales vigentes, pone fin a las denominadas “horas taxi” y flexibiliza ciertas condiciones específicas del trabajo de campo.
En paralelo, extiende los beneficios del Plan Gas (por lo que sigue garantizando un precio mínimo a los productores), equipara las reglas de juego aplicadas en todas las compañías y concede a los trabajadores del rubro la eximición de un 10% del salario bruto en el Impuesto a las Ganancias (lo que en la práctica representará que casi nadie lo tribute).
El objetivo es tan claro como ambicioso: sembrar certidumbre entre las empresas locales e internacionales para favorecer la concreción de los proyectos en marcha y fomentar la llegada de nuevas inversiones de magnitud.
En adelante, cada línea de operación deberá disponer de un número limitado de trabajadores. Para las labores de fractura, por caso, la dotación no podrá superar los 16 miembros.
Fuente: Revista Petroquímica
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