
Para el Gobierno, la nueva regasificadora móvil representa un logro de la "polÃtica energética que sustenta el crecimiento económico y el mayor consumo de los argentinos".
Pero más allá del discurso oficial, la entrada en escena del Examplare el buque que YPF le alquiló a la firma Excelarate para transformar el GNL (gas natural licuado) importado no hace más que poner de manifiesto la fragilidad estructural que arrastra el sector energético. Lejos de acompañar la suba del consumo interno, la producción de gas viene en caÃda desde el inicio de la gestión kirchnerista.
De 51.000 millones de metros cúbicos extraÃdos en 2003 se llegó a 46,9 millones de metros cúbicos el año pasado. Para cubrir el faltante, que fue creciendo año tras año, el Gobierno recurrió primero a las importaciones de gas de Bolivia y luego a las de GNL por medio del buque regasificador que se instaló en BahÃa Blanca en 2008. Ahora, ante el agravamiento de la situación, se sumó el regasificador de Escobar que es el primero en el mundo que opera en un puerto fluvial y no en uno marÃtimo de aguas profundas, como marcan las normas internacionales de seguridad.
Desde 2003 hasta 2010, las importaciones anuales de gas natural crecieron un 3.572% al pasar de sólo 85 millones de metros cúbicos a 3.121 millones de metros cúbicos en el último año. Tal como se presenta el panorama, en esta temporada invernal el paÃs alcanzará una nueva marca histórica: importará entre el 22 y 23,6% de todo el gas que consumirán los argentinos. Para atender la demanda promedio actual de 130 millones de metros cúbicos diarios, actualmente se están importando unos 29 millones de metros cúbicos diarios (7 millones de Bolivia, 12 millones por BahÃa Blanca y otros 10 millones por Escobar).
Las proyecciones indican que, con la llegada del frÃo, la demanda en condiciones de ser atendida por la red trepará hasta 140 millones de metros cúbicos diarios. Para esos dÃas, el "combo" de importaciones funcionará a full y, en el caso de Escobar, su aporte se elevará de 10 a 14 millones de metros cúbicos diarios. La nueva provisión alternativa de gas montada en el norte del Gran Buenos Aires presenta varias "perlas" y polémicas. En primer lugar, su concreción se debe a un contrato directo que hizo la estatal ENARSA con la petrolera YPF. El proyecto requirió una inversión de US$ 200 millones para una serie de obras portuarias y de infraestructura realizadas en una zona de reserva forestal y el tendido de 20 kilómetros de cañerÃas para conectar la planta regasificadora con la red de gasoductos.
Para que pueda ingresar el buque regasificador de 290 metros de eslora hizo falta un permiso especial de Prefectura porque el máximo permitido para los barcos en el rÃo Paraná es de 230 metros de largo. Otro dato significativo es la compleja operación que deben hacer los barcos de GNL cuando entran al RÃo de la Plata. Necesitan tres dotaciones de prácticos, cuatro remolcadores y casi un dÃa y medio de maniobras para poder "acoplarse" al regasificador. Por último, existe otro punto llamativo que envuelve al nuevo regasificador que fue alquilado por un plazo de 10 años: el 70% del negocio de la provisión de GNL de 2011 quedó en manos de una sola empresa: MSI (la trader y comercializadora de commodities del banco Morgan Stanley) por US$ 570 millones. En tanto, el 30% restante fue para la española Gas Natural que le facturará a ENARSA unos US$ 240 millones.
Fuente: ClarÃn
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