Cerrar la brecha energética no es una tarea imposible, dicen los especialistas. Pero tomará dos años. Por qué usamos tanto gas.Como en las páginas del rock o del tango, la economía argentina también está repleta de historias sobre adicciones. ¿Qué son si no décadas viviendo bajo la inflación, algo que ha llevado hasta a Cristina Kirchner a decir esta semana que el país debía ser "abstemio" en ese tema?
La llamada crisis energética, en ese sentido, puede interpretarse también como una historia de adicción de la economía argentina que narra sobre el uso y abuso de un recurso natural (el gas) que comenzó un buen día a "traer dolores de cabeza". 
"No hay país en el mundo tan adicto al gas como el nuestro", grafica Fernando Navajas, economista de Fiel y autor del trabajo Energo crunch. La dependencia argentina de este recurso es elocuente: más del 52% de la matriz energética del país, más del 56% de la generación eléctrica y más del 15% de la energía que consume el sistema de transporte, dependen del gas.
Curiosamente, la fórmula para curar estas dos adicciones la inflación y las restricciones energéticas es la misma que repite todo el mundo: generar más inversiones. ¿Pronóstico? Reservado. wwLa economía argentina no conoce la palabra moderación desde hace décadas: pasó de la hiper a la deflación y de la recesión a una inesperada expansión.
El mapa energético El mapa energético no fue inmune a estos vaivenes y, de un día para el otro, quedó armado un verdadero zafarrancho: la exploración cayó en picada, las reservas de gas y petróleo también, la estructura productiva de la economía giró 180° después de la crisis y, en los últimos años, los precios quedaron distorsionados.
Con una oferta de energía que se mostró raquítica y una demanda que se disparó ante la mayor demanda industrial y residencial, los cuellos de botella se sienten cada vez más. La economía argentina funciona "enchufada" a una potencia efectiva de 18.500 MW. Aunque la oferta disponible es mayor (21.000 MW), ésta nunca llega a utilizarse en su totalidad por cuestiones técnicas. Los especialistas recomiendan que esta potencia nominal sea un 25% mayor que la efectiva en caso de tener que afrontar alguna urgencia.
El sistema energético argentino hoy carece de ese margen que agrega previsibilidad a la marcha de la actividad económica y a los planes de las empresas. La diferencia entre la potencia efectiva e instalada del sistema está en el 10%. Por ello, para eliminar la sensación que el crecimiento económico corre riesgo de abortarse, la potencia del sistema debería aumentar 2.000 MW, recomiendan los especialistas.
Este salto se lograría parcialmente con la compra de dos nuevas centrales de ciclo combinado (adjudicadas a Siemens) que aportarían unos 1.600 MW. Sin embargo, ello no sucedería de inmediato ya que estarían funcionando recién en 2008 y de entrada lo harán bajo la modalidad "a cielo abierto", que implica una menor generación de potencia (1.100 MW).
Pero aun cuando se lograran incorporar de forma completa estos 2.000 MW, el tema tampoco estaría del todo solucionado. Los economistas de la energía consideran este desembolso como un gasto once-and-for-all (de una vez y para siempre), una inversión que significaría destrabar una de las tantas restricciones energéticas que enfrenta el crecimiento en el corto plazo. Pero la carrera es de largo aliento y luego de superar este primer obstáculo, habría que continuar invirtiendo.
El crecimiento Según un cálculo de Miguel Bein con la economía creciendo al 7%, la potencia debería aumentar 5% por año. Esto significa un incremento de unos 1.000 MW en la oferta. Pero si el país crece al 5% (al fin y al cabo ya se está despidiendo de las tasas chinas), "se necesitará aumentar la potencia 3% por año, que son unos 600 MW". Si el cálculo fuera correcto, la Argentina tendría margen para afrontar el desafío: una central mediana o pequeña cuesta alrededor de US$ 350 millones.
Navajas, que ha venido siguiendo de cerca el tema en los últimos años, no coincide tanto con esto último. Cree que la oferta de energía debería crecer más cerca de los 1.000 MW por año porque no está del todo claro que las nuevas centrales de ciclo combinado amplíen la capacidad a tiempo. El Gobierno anunció hace poco la adquisición e instalación llave en mano de otras cinco centrales de generación eléctrica (1.600 MWen total) a un costo de $3.250 millones.
Si el cronograma se cumple, en un año y medio habrá 1.600 MW más de generación eléctrica, a los que habrá que sumar los otros 1.100. Esto representa un incremento en la potencia de 13%. Pero si se tiene en cuenta que la última central térmica de gran porte entró en servicio en 2000, y que el consumo de energía subió más de un 30% sin que se haya ampliado el parque generador, para algunos la economía vivirá al límite por lo menos dos años más.
Plan B El Gobierno parece ya haber recurrido a un plan B: sacar gas de la matriz y meter más gasoil. Y el aumento del costo de la energía eléctrica parece ser una cuestión de tiempo que hasta Cristina dejó entrever (también esta semana).
Según Martín Rodríguez Pardini, un especialista y economista de una consultora de regulación de servicios públicos (Macroconsulting), si se ajustaran las tarifas al 50% de la inflación que hubo desde la devaluación hasta acá, la demanda de electricidad caería un 12%. "La tarifa es un instrumento insoslayable a la solución".
¿Será un remedio para frenar la adicción?
Por Ezequiel Burgo |
Fuente: iEco Clarin
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