
El congelamiento de los combustibles desempolvó un viejo misterio en la industria petrolera: ¿Cuánto cuesta producir un barril de crudo en el país? ¿Cuánto cuesta en Vaca Muerta? La medida del presidente de Mauricio Macri desató una suerte de quermés discursiva que puso al sol los trapitos del sector y que amenaza con profundizar una grieta que, disimulada con perfume francés, también divide a la industria.
¿Cuáles fueron los hechos objetivos? Los tres puntos DNU 566/19: 1) fijó un techo interno para el precio del barril en 59 dólares; 2) estableció un tipo de cambio paralelo para su compraventa de $45,16 y; 3) congeló los precios en los surtidores por 90 días. El resultado es que el barril de crudo en el país pasó a comercializarse, por la medida y las retenciones, a unos 43 dólares, 15 menos la referencia internacional, el Brent.
La medida parece una suerte de 125 del macrismo, incluso comparte la misma pluma técnica, el reconocido abogado Ignacio Pablo Cortéz, hoy en funciones dentro del equipo legal de Hacienda. En 2008 el campo paralizó el país por la aplicación de retenciones móviles. El sector petrolero, que tiene una sofisticada capacidad de lobby, no consiguió el mismo respaldo, pero si sirvió para exponer rupturas como la del presidente de Vista Oil & Gas, Gastón Remy, y el presidente Macri, antes amigos.
A modo de spoiler podemos adelantar que quizá el lector se sienta un poco defraudado con las conclusiones, pero no menos cierto es que el tema cierta complejidad.
Por más que a las petroleras las incomode hablar de “misterio” o “secreto” de los costos nadie declara públicamente sobre este tema. Los más audaces apenas señalan por encima el gran laberinto que representa la cuestión. Para graficar la sensibilidad que despierta alcanza con un comentario a pie de página: este medio contactó al menos a seis operadoras, funcionarios provinciales y nacionales, un exgobernador y un gobernador en ejercicio. La mayoría evadió la respuesta.
Paciencia porque hay números. Ahí vamos.
Lo primero que debe señalarse es que el costo del barril depende de cada compañía y cada yacimiento. No es lo mismo Loma Campana para YPF que un campo maduro, de la misma compañía, por ejemplo, en Mendoza. Tampoco dentro de una cuenca es igual. Un bloque de Chevron en Rincón de los Sauces no puede compararse con los de Shell en la zona de El Chañar o, incluso, éstos últimos con los de Tecpetrol. El mito es que los no convencionales son más caros que los convencionales, pero eso tampoco es del todo cierto porque los viejos pozos requieren de costosas técnicas para dar muy pocos metros cúbicos.
En los no convencionales se utiliza un término que es “costo de desarrollo”. Esto puede traducirse en una cuenta: la inversión en un pozo divida la cantidad de barriles que entregará la perforación en toda su vida. Ese número en los mejores campos de Vaca Muerta se mueve entre 9 y 20 dólares, en promedio. Pero es solo un dato analítico que pone de manifiesto dos cosas: la curvada de desarrollo alcanzada por una operadora y la productividad de la roca madre (Vaca Muerta).
Un número más terrenal es el que arroja el “lifting cost” que se traduce como los costos de traer un barril a superficie desde el subsuelo. En esta cuenta se suman distintas variables como los contratos de servicios, mano de obra y mantenimiento. El dato suma mayor precisión cuando se incorpora el costo de la operación que incluye las plantas de tratamiento, el transporte y sí la empresa contempla la reposición del barril que extrae (clave para no convertir el proyecto en un saqueo).
En este punto cada compañía tiene bien guardada, y bajo siete llaves, su planilla de cálculos. Pero después la cuenta sigue porque se deben sumar los impuestos y las regalías.
Para resumirlo, en el sector se utiliza otra palabra en inglés: “break even”. Se traduce como la barrera de precio desde la cual hacia arriba un proyecto es rentable. En Neuquén hace no más de un año se habla de “break even” para los no convencionales por debajo de los 40 ó 35 dólares. Es decir que con un barril de 41 dólares se puede descorchar champagne en las oficinas.
Sin embargo, de inmediato todas las compañías recuerdan el principio rector plasmado en los párrafos precedentes: depende qué empresa, en qué yacimiento y con qué proyecto.
Esto se discutió mucho en Vaca Muerta durante 2016 cuando el precio internacional se hundió hasta los 30 dólares. En el mundo se decretó la muerte de los no convencionales hasta que en EE.UU. mostraron que aún en ese precio existía rentabilidad. En la Cuenca Neuquina mayoría buscó refugio en los proyectos de gas que además le hacían falta al país.
Para algunos la discusión de los costos de producción no suma ni resta a la industria petrolera porque al tratarse de un comodity obliga a tener competitividad internacional. Fin de la discusión. Sin embargo, en el trasfondo está el carácter que se busca para el sector energético en el país. Es decir, si Argentina necesita o puede tener un libre mercado sin la regulación del Estado. Para los liberales esto espanta al capital internacional necesario para desarrollar, por ejemplo, Vaca Muerta. En la práctica eso no parece ser una amenaza para las compañías y, como quedó demostrado, es una garantía para los consumidores y la estabilidad de los gobiernos. La clave es traducirlo, con sinceridad, como una política de largo plazo. (...)
Fuente: Diario Río Negro
539 lecturas | Ver más notas de la sección Noticias Destacadas