
Uno de cada cuatro metros cúbicos que produce Neuquén viene de Lajas, Mulichinco o Punta Rosada. Los secretos del producto estrella del momento.
Desde aquel célebre informe de la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA) en el 2013 que la puso como uno de los reservorios de gas más importantes del mundo, Vaca Muerta se llevó todos los flashes. Ni la connotación negativa de su nombre evitó que la marca se extendiera por todo el mundo, a tal punto que se convirtió en un sinónimo de la Cuenca Neuquina.
Pero hay otras capas geológicas, también surgidas en el jurásico, que con menos cartel están haciendo un aporte central a la producción de gas. Formaciones como Lajas, Mulichinco o Punta Rosada, con menos prensa, ya generan uno de cada cuatro metros cúbicos que salen del subsuelo neuquino y rionegrino.
Según datos oficiales, hay alrededor de medio millar de pozos productivos que salen de estos estratos, conocidos en la industria como “tight”. Significa, literalmente, “apretado” en inglés. Se trata de arenas o arcillas que alojan hidrocarburos y que al igual que la roca madre de Vaca Muerta necesitan ser fracturadas para que éste emane. Sin embargo, por sus características físicas requieren otro tipo de intervención, lo que los convierte en reservorios más económicos. Por eso son los favoritos de las petroleras, que apuestan a estos recursos como paso intermedio a lanzarse de lleno al shale.
“Desde el punto de vista técnico son lo mismo, pero el tight es un reservorio con más porosidad y permeabilidad”, cuenta Carlos Grassia, gerente de la regional Neuquén de YPF. La compañía de bandera es la principal productora de este tipo de recurso en la provincia, con proyectos como Rincón del Mangrullo, Sierra Barrosa o Estación Fernández Oro.
Para Grassia, el factor decisivo de la apuesta de la compañía al tight fue la presencia de instalaciones. A diferencia de la ventana de gas de Vaca Muerta, algo más alejada de la zona núcleo de producción neuquina, estas formaciones dan buenos resultados en viejos campos con gasoductos y plantas compresoras como Loma La Lata.
También es central el acceso a los grandes ductos troncales. Cada dólar que las empresas ahorran en infraestructura es un dólar que pueden volcar a los pozos. El Neuba I, según comentó el gerente, está casi al límite de su capacidad, por lo que los nuevos proyectos deberán derivarse al Neuba II.
Formaciones como Lajas, además, permiten el uso de perforaciones verticales por el ancho de la columna. A YPF este tipo de pozos con nueve fracturas le cuestan unos 7,5 millones de dólares.
Pero no sólo la geología o la infraestructura definen a estos proyectos. El precio del recurso es clave. “Comenzamos a explorar las posibilidades del tight gas en el 2000, pero el desarrollo se demoró hasta el 2011 porque el precio del gas era insuficiente para hacer viable la productividad del proyecto”, explica Alejandro López Angriman, vicepresidente de Desarrollo de Reservas de Pan American Energy (PAE). (...)
Fuente: Diario Río Negro
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