En lo que se refiere al traslado de cargas, actualmente se vive un ligero repunte gracias a la plataforma petrolera que en esta cuenca operan YPF y Enarsa. Se situó en alrededor de 6.500 toneladas durante el último mes. El panorama, en cambio, se muestra más alicaído en la actividad portuaria generada por la pesca.
El puerto busca recuperar protagonismo. El traslado de cargas actualmente vive un ligero repunte. El puerto de Comodoro Rivadavia busca recuperar protagonismo frente a la explotación de petróleo y gas. Poco a poco empieza a convertirse en un centro de operaciones para la industria de los hidrocarburos y, si el offshore se desarrolla con potencia, podría transformarse en centro de asistencia para la plataforma marítima jack-up “Ocean Scepter”. Sin embargo, por ahora la convivencia entre la pesca y la explotación petrolera en tierra libran una pelea desigual a la hora de atraer mano de obra: el negocio del oro negro es el favorito mientras que la pesca hace mucho que dejó de ser rentable para los habitantes de la región.

El puerto busca recuperar protagonismo. El traslado de cargas actualmente vive un ligero repunte.
Un marinero que debe embarcarse puede cobrar entre 2.000 y 2.500 pesos. La delegación Comodoro Rivadavia del SOMU (Sindicato Obreros Marítimos Unidos) argumenta que muchos que antes se embarcaban ahora se deciden por los yacimientos petroleros. Los movimientos de buques son variables, con años muy buenos y otros muy malos. Actualmente, el puerto local vive en medio de una situación de caída en el traslado de cargas con un ligero repunte gracias a la plataforma petrolera que en la Cuenca del Golfo San Jorge opera YPF con Enarsa (Energía Argentina SA).
En la ciudad no existe una secretaría del SOMU, sino que se trata de una delegación. Esa es una de las razones que les impide negociar sus propias condiciones salariales, rigiendo actualmente las de Mar del Plata. Daniel García, delegado local del gremio de marítimos, critica ese modelo: “Lo que vos vivís allá, en Mar del Plata, con 2.000 pesos acá no lo vivís, ni alquilás. Una de dos: o alquilás y no comés, o comés y te vas a vivir abajo de un caño”, graficó.
El SOMU cuenta con sólo 350 afiliados. La caída de trabajadores encuadrados en el sector tiene que ver con el impulso del petróleo. Los marineros huyen de los barcos y se perfilan hacia los pozos petroleros en busca de mejores salarios: “¿Qué nos ha pasado acá cuando empezó el furor del petróleo? La gente se va. Y me parece bárbaro. El que tiene la oportunidad de irse porque va a mejorar su calidad de vida y el bienestar de su familia, me parece bárbaro”, relató García con algo de desánimo.
TRABAJO EN TIERRA FIRME:
La otra columna portuaria en lo que respecta a la pesca es el trabajo que pueden dar las empresas en tierra firme. Ese rol lo generan los buques fresqueros, que se embarcan unos días o semanas (depende de si son flota amarilla o colorada) y descargan la producción en las plantas procesadoras donde entran en acción los trabajadores de la alimentación. Fundado en Comodoro Rivadavia en 2001, la creación del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) provocó un cambio cualitativo en la actividad laboral en el puerto.
Hasta ese momento, las compañías pesqueras tercerizaban las tareas en tierra a través de cooperativas y pequeñas empresas de dudosa legalidad. Esas situaciones fueron denunciadas y las movilizaciones del joven STIA en ese año impulsaron el establecimiento de la Ley Provincial 5.054 que prohíbe la tercerización en los puertos. También el convenio Colectivo de Trabajo ampara la contratación directa. El trabajo en las plantas de procesamiento del puerto es realizado en su mayoría por extranjeros. Según una estimación del STIA, alrededor del 70 por ciento de los empleados del sector es de origen boliviano. Un 10 por ciento se reparte entre otras nacionalidades (principalmente de Chile). El 20 por ciento restante se trata de argentinos.
“En la actividad pesquera no hay muchos argentinos trabajando porque no es una actividad sencilla de desarrollar”, le explicó a Diario Patagónico Oscar Lapalma, Secretario Adjunto del STIA. Y agregó: “es sacrificada la vida del trabajador que está dentro de las plantas. Yo creo que cuando son de nacionalidad argentina, tanto mujeres como hombres, tratan de buscar otra actividad que no sea tan dura como es este sector. Por eso se produce esto de tantos extranjeros en la actividad”, argumenta.
LA MERLUZA EN PELIGRO:
Después de la “crisis de la merluza” en 1999, el Gobierno nacional asumió la administración del recurso en todo el país a través del Consejo Federal Pesquero. A partir de ese momento se estableció el sistema de cupos a la pesca que rige actualmente. Ese esquema consiste en limitar los viajes por barco. En el sector esperan que la reducción continúe en 2009. Oscar Mazzeo, gerente de Barillari, una de las pesqueras más grandes y con más historia del país y la región, afirmó: “Si hay recortes significa que algo está pasando. Hay un problema biológico. El recurso está resentido”.
El titular de la empresa también consideró que el impacto más fuerte está en los costos de producción: “Mientras los números no cierren, no te preocupes que nadie va a ir a buscar la merluza”, advirtió. El gran problema para la empresa Antonio Barillari es el incremento de los insumos. “Las presiones gremiales y los costos internos, como combustibles, nylon, cartón, y todo tipo de suministro para la pesca incrementaron de forma terrible. En el último año aumentaron entre 45 y 47 por ciento”, le explicó Mazzeo a Diario Patagónico.
La Cuenca del Golfo San Jorge atraviesa una nueva crisis de la merluza que podría traducirse en un sistema de cupos a la pesca mucho más agresivos para el año que viene. “(La merluza) se manejó mal toda la vida. En una época, vos escuchabas a los viejos que decían que antes tirabas una gorra y sacabas pescado, ahora, depende el tiempo, tiras una gorra y sacas agua viva”, cuestionó Daniel García del SOMU. “Ahora se acordaron de que hay que cuidar el recurso. Suben bocha de pescado, bocha. Y tiran el 90 por ciento de lo que subieron para hacer 200 o 300 kilos de langostino”, denunció García.
El gremialista se refiere a los buques tangoneros y factorías, que procesan la producción en el mar donde suelen navegar durante un mes o dos, no generan puestos en tierra y tienen preferencia por los langostinos para exportación. Esta crisis del recurso pesquero en la región que abarca a la provincia de Chubut y el norte santacruceño provocó una serie de despidos en las plantas de procesamiento. Al no haber producción, tampoco había trabajo, por lo tanto las empresas optaron por reducir el personal.
“Estamos de acuerdo con que el recurso hay que cuidarlo, pero el cuidado no sólo pasa por los trabajadores sino por aquellas empresas que están pescando”, le comentó a este diario Oscar Lapalma. “Por un lado nosotros cuidamos el recurso, y por el otro los buques de mayor porte son los que tiran la merluza que pescan al mar. Tiene que ser una solución integral”, sentenció.
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