
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció estrictas normas sobre las emisiones de gases de invernadero y el consumo de combustible que deberán tener los nuevos automóviles estadounidenses a partir de 2016. El plan le permitirá ahorrar a los Estados Unidos 1.800 millones de barriles de petróleo al año, el equivalente a las importaciones que ese país hace desde Venezuela, Libia, Nigeria y Arabia Saudita.
Es la primera vez que el gobierno de los Estados Unidos toma una decisión tan drástica en este sentido. La medida no sólo ayudará a reducir la emisión de gases de efecto invernadero (EE.UU. es el mayor productor por habitante), sino que además disminuirá la dependencia que la economía de ese país tiene del petróleo.
Obama aseguró que se trata de un “acuerdo histórico”, al hablar en la Casa Blanca ante diez directores de las grandes automotrices estadounidenses, representantes de los sindicatos, defensores del medio ambiente y líderes políticos. “En el pasado, un acuerdo como éste habría sido considerado imposible”, dijo Obama. Por eso este anuncio es tan importante, porque representa no sólo un cambio de política en Washington, sino un presagio de un cambio en la forma en que se hacen los negocios en Washington”.
Obama reconoció que costará dinero desarrollar estos vehículos más eficientes. “Pero incluso si el precio de estos automóviles y camiones sube, el costo de manejar estos vehículos bajará y los conductores ahorrarán dinero en las estaciones de gasolina”, dijo.
GIRO EN LA POLITICA AMBIENTAL
También ordenaría, por primera vez, que la Agencia de Protección Ambiental regule las emisiones de los tubos de escape de los vehículos. De esta manera, Obama da un nuevo giro en la política medioambiental estadounidense y se sigue diferenciando de las anteriores medidas tomadas por su antecesor, George W. Bush.
De entrar en vigor, la propuesta también pondría fin a una larga disputa entre California y el gobierno sobre los intentos de ese estado por regular las emisiones para disminuir el calentamiento global. El gobierno dijo que California se ceñiría a la nueva política federal y que serían desechadas las demandas de la industria automotriz relacionadas con los esfuerzos del Estado.
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