
Encontrar petr贸leo es como hacer magia. Y como cada d铆a es m谩s dif铆cil dar con un buen pozo en tierra, los magos de la industria petrolera han puesto sus ojos en el oc茅ano. En el fondo del mar. A siete kil贸metros de profundidad y a 300 kil贸metros de las costas de Brasil, se encuentran algunos de los mayores yacimientos de esta materia oleosa y parda que permite que el mundo funcione tal y como lo conocemos. Para localizarlos, Repsol ha contratado, por cuatro a帽os, un barco 煤nico, el Stena DrillMax I, una embarcaci贸n de 228 metros de eslora y 42 de manga, valorado en 500 millones de euros, construido, en 2007, en los astilleros coreanos de Geoje para Samsung y que es propiedad de la familia Olsson. Suecos.
Este flamante cazador de petr贸leo es capaz de perforar hasta a 10 kil贸metros de profundidad (y casi otros tantos en horizontal, por debajo del lecho marino), hasta dar con los yacimientos, formados hace unos 120 millones de a帽os tras un caprichoso juego geol贸gico que ha transformado el plancton y las algas prehist贸ricas en oro negro. La petrolera espa帽ola paga un mill贸n de euros al d铆a por el alquiler del Stena y por los sueldos de los dos centenares de personas de 20 nacionalidades distintas que trabajan a bordo. Alguno de estos especialistas en geolog铆a e ingenier铆a, aut茅nticos 鈥渕ercenarios del petr贸leo2, cobra 2.000 d贸lares por d铆a. Minucias si se compara con la riqueza que alberga esta cuenca de Campos.
Algunas estimaciones, como las de la Agencia Nacional del Petr贸leo de Brasil, apuntan que, aqu铆, bajo kil贸metros de agua, rocas y sal, se encuentran reservas equivalentes a 33.000 millones de barriles de petr贸leo. El mundo consume, cada d铆a, 86 millones de esos barriles: 13.674 millones de litros diarios. Esta semana, el barril cotizaba a 78 d贸lares, as铆 que hagan cuentas... En esta peque帽a porci贸n del mundo habr铆a petr贸leo para mover el mundo durante cerca de 400 d铆as. Una fortuna capaz de disparar la cotizaci贸n de Repsol cada vez que anuncia un descubrimiento. Y est谩n en racha. Lo habitual, aseguran en la compa帽铆a, es 鈥渘o acertar 8 de cada 10 veces鈥 que exploran una concesi贸n (bloque, en el negocio del crudo).
Sin embargo, en los dos 煤ltimos a帽os, han hecho pleno. 鈥淗emos hallado petr贸leo la mitad de las veces. Jugamos a cara o cruz, algo que era imposible en esta industria鈥, dice Javier Moro, Director de Exploraci贸n y Producci贸n de Repsol en Brasil. Gran parte de ese 茅xito descansa sobre los trabajos previos de prospecci贸n: barcos equipados con equipos de resonancia magn茅tica que son capaces de radiografiar el fondo marino. Luego, los ge贸logos interpretan esos datos en 3D, tratan de reconstruir la historia de lo que pas贸 hace 120 millones de a帽os y eligen el punto exacto donde creen que puede descansar el petr贸leo. La misi贸n del Stena DrillMax I es confirmar las hip贸tesis de los ge贸logos y cazar petr贸leo.
El viaje hacia el gigante comienza en el aeropuerto Santos-Dumont, una min煤scula pen铆nsula tendida sobre la bah铆a de R铆o de Janeiro. El helic贸ptero, un AgustaWestland 139 rojo, se eleva entre las moles del Corcovado y del Pan de Az煤car, sobrevuela las playas de Copacabana e Ipanema, el estadio de Maracan谩 y las favelas que se precipitan en cascada sobre la bullente metr贸poli brasile帽a, hasta poner proa hacia mar abierto. A la izquierda, a lo largo de 30 kil贸metros casi infinitos, se despliega la playa de Saquarema, de aguas esmeraldas. Luis Flamarion es el rescatador. Este antiguo buzo de combate de la Armada brasile帽a, enteco y de ojos verdes, nos instruye sobre las medidas de seguridad, sobre qu茅 hacer si nos precipitamos al agua de cabeza. Glubs.
Las dos turbinas rugen y el ruido se cuela en el cerebro, pese a los tapones y los cascos protectores. Volamos a 250 kil贸metros por hora, sobre la l谩mina azul del mar. Vemos pesqueros, plataformas petroleras, dos grupos de ballenas yubartas... Tras hora y media de pl谩cida navegaci贸n, asoma en el horizonte la mole amarilla y azul del buque, como una gigantesca factor铆a. El piloto da un par de vueltas para que observemos al detalle los tres barcos de apoyo, las dos gigantescas torres de perforaci贸n que se elevan un centenar de metros sobre la cubierta, las seis enormes gr煤as, el 谩rea de habilitaci贸n donde duermen y trabajan los empleados del Stena DrillMax I...
El helipuerto est谩 en proa. Una sonriente chica de rasgos orientales, con casco y envuelta en un traje ign铆fugo amarillo, apunta su ca帽贸n de agua hacia el aparato mientras tomamos tierra. Luego veremos que 茅sta es s贸lo una m谩s en la larga lista de tareas que buscan garantizar la seguridad en este buque sonda. Nada m谩s posarnos sobre la pista, cubierta por una red de abordaje, cinco filipinos se aprestan a recoger los equipajes. Todos usan buzo rojo (el uniforme de los petroleros) con su nombre escrito a la espalda con rotulador y botas de cuero con gruesas suelas de goma. Los cinco marchan con una cadencia casi militar.
El sol se derrama sobre las planchas met谩licas de cubierta. El calor es agobiante. Nos conducen a la sala de recepci贸n. Chequean nuestros nombres. S贸lo hay siete mujeres a bordo. Una de ellas, una m茅dica sudafricana, nos da la bienvenida. Otra trabaja con el robot submarino, hay varias filipinas entre la mariner铆a. A bordo, advierten en el minuto uno, est谩 prohibido el alcohol. 鈥淪i te pillan algo en tu equipaje, no duras ni un segundo en el barco鈥, asegura un veterano. Con las drogas, sucede otro tanto. En julio de 1988, la plataforma Piper Alpha revent贸 en el Mar del Norte y acab贸 con las vidas de 167 hombres. Desde entonces, la seguridad es el primer mandamiento entre los petroleros.
La tragedia de la Piper Alpha descubri贸 que los hombres no descansaban lo suficiente y que llevaban a帽os sin realizar simulacros de seguridad. En el Stena DrillMax I se hace un simulacro de evacuaci贸n cada semana. Hay sensores por todas partes (no pueden hacerse fotos con flash), recordatorios perpetuos sobre las normas a seguir y las lanchas salvavidas parecen torpedos gigantes dispuestos a zambullirse en la mar. El minuto, 5.000 d贸lares. Los trabajadores pasan 14 d铆as en este barco sonda y otros 14 en tierra. Tambi茅n hay grupos de especialistas que realizan estancias de 28 d铆as a bordo. Aqu铆 se trabaja en turnos de 12 horas, siete d铆as a la semana, 365 d铆as al a帽o.
No existe el d铆a ni la noche. Las tareas de perforaci贸n no cesan nunca. Cada minuto de trabajo de las brocas tric贸nicas de tungsteno o diamante cuesta 5.000 euros. Nos recibe Ade Beevers, el capit谩n del buque. A su lado, Barry Reville, el segundo. Son dos tiarrones, dos tipos duros de ojos azules, socarrones y sobrios, dos cl谩sicos en este negocio que se rige con una jerga propia: a la cabina de perforaci贸n le llaman la caseta del perro; cocina es el lugar donde se forma el crudo antes de migrar hacia las bolsas; 谩rbol de Navidad es el mecanismo gigante que cierra un pozo... Aqu铆 todo se mide en pulgadas, libras, pies y galones. Otro universo.
El cord贸n umbilical con un mundo algo m谩s pr贸ximo lo proporciona un ge贸logo de Repsol nacido en Vitoria, jugador de rugby, windsurfero y enamorado del Cabo de Gata. Se llama Lorenzo Villalobos y usa, como la mayor铆a cuando se despoja del sobretodo, bermudas y zapatillas de deporte. Con Villalobos, y vestidos ya con botas, mono y casco, subimos hasta el puente de mando del buque. 鈥淟os accidentes aqu铆 son tr谩gicos. Un blow up (afloraci贸n de gas o petr贸leo) que venga te puede mandar por los aires鈥, advierte. El ambiente es as茅ptico. Consolas y m谩s consolas, pantallas y m谩s pantallas, suelos grises y relucientes... No hay rueda ni tim贸n.
Tampoco se oye el zumbido de la m谩quina. El buque se maneja como la consola de un videojuego. 驴Pero c贸mo se hace para que el barco est茅 siempre en el mismo punto? Bartok Krukowsky nos habla de c贸mo un grupo de h茅lices laterales, colocadas a lo largo del casco, permiten mantener al buque en posici贸n guiado por un complejo sistema GPS. Krukowsky presume de que en la 煤ltima semana, el Stena DrillMax I apenas se ha desplazado un pie (30 cent铆metros) en su posici贸n en el bloque BM-C-33 de la cuenca de Campos. A esta zona, los ge贸logos, gente de humor, la han bautizado Seat. Hay campos que se llaman Vampira, Panor谩mix, Malbec...
El buque sonda permanece anclado en su posici贸n como un clavo gigante en mitad del oc茅ano. El buque est谩 preparado para soportar temporales y para seguir operando, incluso con olas de hasta 10 metros. 鈥淓n tierra, este negocio del petr贸leo lo sabe hacer ya todo el mundo. En el mar, que es el futuro, no鈥, alertaba estos d铆as Antoni Bufrau, el Presidente de Repsol. Pero hay que gastarse dinero. Much铆simo dinero. En el puente de mando apenas se ven elementos n谩uticos tradicionales. A lo m谩s, un bar贸metro de bronce Schartz y el cl谩sico cuaderno de bit谩cora. Bueno, y el velero de tres m谩stiles que lleva tatuado en su antebrazo izquierdo Jan Assen, irland茅s, encargado de la posici贸n GPS.
鈥淭ambi茅n tenemos un sextante. Pero s贸lo lo usamos en las pr谩cticas鈥, sonr铆e Bartok Krukowsky como si hablara de la Edad Media. Los carteles lo recuerdan a cada paso, como en las acer铆as y en las industrias qu铆micas. Un d铆a perfecto en este ingenio es aquel en que hay 0 incidentes, 0 heridos, 0 colisiones y 0 derrames. El buque es limpio: nada se arroja al mar. Y la seguridad es la ley. A tal extremo que, en los aseos, quien orina puede comparar el color de su micci贸n con una tabla de ocho colores. Para saber si est谩s bien hidratado o no... Aqu铆 el agua es muy azul. Se ven nadar bonitos y peces majimajis. Al caminar por cubierta uno no puede salirse de unas l铆neas amarillas de seguridad y debe caminar siempre agarrado a una barandilla.
Villalobos explica que el fondo del mar est谩 a 2.670 metros y que los equipos han excavado ya dos kil贸metros bajo el lecho. 鈥淟legaremos a los 6.650 metros. Nos quedan 90 d铆as鈥. Y si ese d铆a no pinchan en hueso... 隆隆隆Bingo!!! Petr贸leo. Habr谩 fiesta en el Stena, pero no se brindar谩 con champ谩n. 鈥淟os precios elevados del petr贸leo hacen, hoy en d铆a, atractivas algunas acumulaciones no convencionales de hidrocarburos, con diferencia, las mayores reservas del planeta, pero de dif铆cil y costosa extracci贸n鈥, apunta Marcos Mozetic, Director Ejecutivo de Exploraci贸n Upstream. De confirmarse los pron贸sticos, esta zona podr铆a estar en producci贸n en 2013. Y aunque poner en marcha un 谩rea de extracci贸n requiere una inversi贸n de cientos de millones de euros, la industria petrolera s贸lo recupera entre un 10% y un 30% del crudo que localiza.
BUFFET DE 4 ESTRELLAS
Pisamos viejos felpudos hundidos por las botas de trabajo, nos cruzamos con una cuadrilla de petroleros de pel铆cula que acude a hacer un relevo con sus buzos percudidos de grasa y con grupos de filipinos, las cabezas envueltas en pa帽uelos de colores, que llegan desde el 谩rea donde se inyecta al subsuelo el lodo de perforaci贸n, un di茅sel sint茅tico a presi贸n que permite sustentar el pozo. Nos llevan al comedor, con un buffet como el de un hotel de 4 estrellas (eso s铆, de gustos muy brit谩nicos, con muchas salsas y vajilla de Sri Lanka), visitamos los camarotes (dobles, con aseo), el gimnasio, la sala de juegos e Internet y el habit谩culo umbr铆o de los fumadores.
鈥溌緿istracciones? Pocas. Libros, el gimnasio, el iPod... Internet te permite hacerte a la idea de que formas parte del mundo, de que no vives tan aislado. Para caminar tenemos el helipuerto鈥, sonr铆e Villalobos. El helic贸ptero abandona el buque. De reojo vemos a cuatro petroleros en ba帽ador, tomando el sol en unas tumbonas, junto al helipuerto. Como si esto fuera Las Negras. Pero con las botas puestas.
Fuente: El Diario Monta帽茅s
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