Una serie de protestas asociadas a proyectos mineros reflejan una constante: la aparente discordia entre esa actividad y las demandas sociales y medioambientales. ¿Dónde reside el punto de encuentro? La actividad minera es de vital importancia para el sostenimiento de la economía peruana -sus exportaciones llegan a los 20.505 millones de dólares este año- su crecimiento y desarrollo.
Sin embargo, dicha industria, como cualquier otra, genera un impacto sobre el micro y macro ambiente, que puede ser positivo y en parte negativo, lo que provoca reacciones naturales entre diversos grupos de interés, como es el caso de las comunidades de las localidades en las que se asientan los proyectos. Según estadísticas de la Defensoría del Pueblo, a octubre del presente año existieron 217 conflictos en Perú, un 57% por causas socio-ambientales; de ellos, una parte está relacionada con el agua.
El tema de fondo está en la búsqueda del "equilibrio de la balanza" para orientar el desarrollo sostenible del país, teniendo en uno de los brazos la continuación de la actividad minera en forma responsable y, en el otro brazo, la protección medioambiental y el bienestar social. Este problema es, y será siempre, un dolor de cabeza para cualquier estadista, pues las raíces del asunto son tan profundas como la historia misma de los países de la región: desigualdad, centralismo, pobreza, bajos niveles de educación, limitados servicios básicos, etcétera. Paradójicamente, estos países están asentados sobre territorios ricos en recursos naturales.
El discurso de la campaña electoral del presidente Ollanta Humala ha quedado atrás, pero persisten en la memoria ciertos recuerdos, básicamente aquellos referidos al reconocimiento y defensa de los derechos de los más pobres y desposeídos, así como de los recursos vitales, como el agua. Dichas alusiones hoy le están pasando la factura, pues la tarea de gobierno implica la evaluación y conciliación de intereses nacionales, vale decir, públicos y privados, en aras del progreso del país. Las protestas en torno a proyectos mineros se han desencadenado en varias regiones del país: Apurímac, Ayacucho, Cusco, Ancash.
Recientemente han cobrado especial relevancia las surgidas en Cajamarca, donde se viene ejecutando el proyecto minero Conga, y en las cuales participó el propio presidente regional, Gregorio Santos, de la izquierda radical, quien estaría relacionado con el Movimiento de Afirmación Social (MAS). Ante la crítica situación, que más parece un concierto de levantamientos y protestas, la reacción de Humala ha sido destacada por muchos y criticada por otros.
Hace unos días, en un mensaje breve, llamó al orden, al cumplimiento de la ley y los compromisos asumidos por el Estado, marcando distancia con ciertos sectores que esperaban con ansias una posición dura. Para algunos, representó una desilusión, por la promesa o el "voto" incumplido; mientras que para otros fue la manifestación madura de un gobernante, que evaluada la situación en pleno campo de batalla, opta por el camino de la concordia, mesura y la búsqueda del equilibrio, por la nación y su futuro.
Planteó seis acciones concretas: la creación de un fondo social de compensación, también denominado de "garantía"; la generación de una autoridad autónoma para la fiscalización de los estudios de impacto ambiental, adscrita a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM); la conformación de mesas de trabajo para el uso de aguas; la mejora de la distribución del canon; el fortalecimiento de la Unidad de Prevención de Conflictos de la PCM; y el impulso para la aprobación del reglamento de la Ley de Consulta Previa.
Con relación al fondo de compensación, cabe destacar que se trataría de un aporte adicional por parte de las mineras que se sumaría al recientemente aprobado gravamen, que aportará un ingreso adicional de 1.100 millones de dólares, y que serán destinados básicamente a infraestructura. La creación de la autoridad que fiscalice los estudios de impacto ambiental tiene por finalidad evitar entredichos y establecer condiciones de entrada. Sin embargo, su nacimiento requiere de la fusión de oficinas ya existentes, lo que pude traer consigo ciertas disensiones en el propio gobierno.
La nueva distribución del canon minero, con un contenido equitativo y más democrático, reducirá el aporte de algunas regiones en beneficio de otras, con inevitables reacciones. La ley de consulta previa ha sido esperada por mucho tiempo, pues impone la obligatoriedad de preguntar a las comunidades sobre los proyectos productivos que se pretendan ejecutar en sus localidades; con el reglamento se pondrá en vigor un instrumento que brindará las condiciones para "nivelar la cancha" y permitir que los actores se sienten a la mesa para dialogar. Existe, pues, una ardua tarea para el presente gobierno en torno a los proyectos mineros y las demandas sociales.
Como siempre, el peor enemigo es el tiempo ante una situación de conflicto que ha llegado a las calles. Políticamente, existen varias opciones, pero una solución sostenible solamente surgirá del dialogo y la concertación entre todos los actores, como muestra de equidad y voluntad democrática, sin tintes partidarios o sectoriales, que busque un consenso sobre los ajustes y mejoras, desde el proceso de aprobación hasta la ejecución de los proyectos mineros - implicará modificaciones normativas -, así como la reestructuración de instancias y órganos del Estado. Las acciones deben ser soportadas por una buena estrategia de comunicación.
Lo anterior requiere de valor, firmeza, apertura y una fuerte dosis de humildad, pero con autoridad. En el plano económico, es evidente que las inversiones asociadas son importantes para la tan ansiada transformación de Perú y para que permitan impulsar el desarrollo e inclusión social, traducido en más empleos, mejora del ingreso y menor pobreza. A esto se debe añadir una mayor eficiencia y eficacia estatal en el gasto, para que la población reciba los beneficios -indirecta o directamente - y se eviten reacciones adversas. Esto requiere una acción urgente en la creación de capacidades. Es hora de aplicar medidas innovadoras. Socialmente, el tema es claro.
Se reclama participación, pues aún cuando existe el Estado, gobiernos locales y regionales y sus correspondientes representantes, la realidad demanda mecanismos de presencia adicionales, incluso por motivos culturales; hacerlo de otro modo, ha traído malas consecuencias. Todo lo anterior puede ser convertido en "cenizas" en cuestión de minutos si las medidas tardan. Se deben poner paños fríos con urgencia. Las protestas en las calles y la polarización de ciertos grupos afectan la paz social y las actividades productivas.
Por consiguiente, imponen un freno al desarrollo y al bienestar. Lo perverso de esta situación es que puede convertirse en una espiral que desencadene en más actos de violencia y que, además, sea capitalizada por sectores radicales e, incluso, organizaciones criminales y terroristas. Este es un riesgo latente, que debe controlarse y manejarse. Las decisiones y acuerdos que se tomen en esta hora crucial pueden marcar un hito en la historia y en la forma de abordar un conflicto de esta naturaleza. Sin embargo, se debe ser consciente de que esta realidad no cambiará de la noche a la mañana, pues implicará un proceso de modificación gradual y paulatina, que pasa por el mismo Estado, cuya reforma, desde hace mucho, está pendiente... Otro gran reto para el actual gobierno.
Fuente: Infobae
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