
En diciembre, la estadounidense Conoco Phillips compró la productora de gas Burlington Resources en 35.600 millones de dólares, y coronó así un año espectacular de uniones en el sector energético. Chevron adquirió Unocal, empresas chinas y rusas sellaron acuerdos con países como Venezuela y Kazakhstán, y hasta el famoso inversor Warren Buffet, se compró una empresa de energía.
Este año, la temperatura puede subir aún más. La razón es que la guerra por los recursos energéticos mundiales no da señales de ceder.
Los altos precios de la energía y el hambre de esos activos podrían hacer que las fusiones superen los 383.000 millones de dólares, el récord tocado en 1999, según PricewaterhouseCoopers. Esta vez, sin embargo, las combinaciones se parecerán menos a la fusión de 80.000 millones de dólares de Exxon y Mobil o a la compra de Amocco por BP en 62.000 millones, uniones que dieron origen a los conglomerados más grandes del mundo.
Por el contrario, se espera una catarata de fusiones más pequeñas pero influyentes. La demanda de energía aumenta con la rápida industrialización de China e India, en un momento en que el petróleo y el gas fáciles de extraer disminuyen. Lo más buscado por los compradores serán las operaciones que ya estén produciendo..
Mientras tanto, la mayoría de las empresas energéticas vienen acumulando dinero. La manera fácil de gastar ese efectivo es con adquisiciones.
Las compañías de energía, sean públicas o privadas, están embarcadas en una especie de "conquista territorial", según afirman algunos especialistas del sector. En muchos casos, van muy lejos para adquirir yacimientos de carbón, gas y petróleo y lanzan ofertas sobre empresas que controlan redes de distribución mediante gasoductos y oleoductos.
A mediados del 2005, esa avidez desembocó en un fracaso internacional en el caso de Unocal, la norteamericana que consideró una oferta de compra de una petrolera china pero que finalmente, bajo la presión del gobierno, aceptó una oferta de la también estadounidense Chevron. Los especialistas piensan que este tipo de pujas serán más frecuentes.
Comprar una compañía de energía requiere de una mezcla de efectivo y muñeca. "No es una cuestión de economía pura en estos casos", explica Johathan Grundy, director de Morgan Stanley especializado en fusiones energéticas. "Son bienes que movilizan sensibilidades políticas".
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