
Chevron, la segunda petrolera integrada más grande de Estados Unidos, decidió abrir por primera vez las puertas de sus operaciones para mostrar en detalle sus planes de desarrollo en Vaca Muerta. Tras obtener la concesión no convencional en El Trapial, la compañía norteamericana acelera el ritmo operativo respaldada por una solicitud de adhesión al RIGI por US$ 13.800 millones de inversión en la próxima década .
A 250 kilómetros de Neuquén capital, un aeródromo irrumpe en la estepa patagónica. Un vuelo de 40 minutos desde el Aeropuerto Presidente Perón conecta a la capital provincial con el eje petrolero neuquino que fue emblema en los años 80 y 90. Las cicatrices en la tierra aún dan cuenta de esa historia y, aunque ya casi no hay “guanacos” en ese paisaje desértico que dio origen a Rincón de los Sauces, Vaca Muerta reavivó una promesa que poco a poco empieza a tomar forma.
A los pies del volcán Auca Mahuida aparece la pista de aterrizaje de El Trapial, un área testigo del auge petrolero de finales del siglo pasado y que hoy busca sumar un nuevo capítulo de la mano del shale argentino.
El bloque comprende una superficie de 397 kilómetros cuadrados -casi dos veces la Ciudad Autónoma de Buenos Aires-. Chevron asumió su operación en 1999 tras adquirírsela a San Jorge y, tres años después, alcanzó su apogeo al producir 60.000 barriles diarios. El Trapial Curamched logró por entonces convertirse en el segundo yacimiento más productivo de Argentina. Pero el declino natural no perdonó.
Con una producción convencional actual marginal, Chevron decidió relanzar el bloque extendiéndose hacia la formación Vaca Muerta, donde ya conocía la calidad del recurso. En 2022, la firma reconvirtió el área a Concesión de Explotación No Convencional (CENCH), delimitando El Trapial Este y El Trapial Curamched. En la actualidad, negocia además con la provincia de Neuquén el tercio restante: El Trapial Oeste.
Fuente: Econojournal
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