La crisis petrolera actual es algo más que sobresaltos de oferta y demanda. Lo que también está irritando al mundo de la energía es un cambio en el equilibrio de poderes entre el Occidente sediento de crudo y los países productores. 
Desde la Segunda Guerra Mundial, los países industrializados ha contado con fuentes de energía estables y confiables para alimentar su crecimiento económico. Estados Unidos, Europa y Japón necesitaban más petróleo del que podían producir. Los países en desarrollo, en cambio, tenían reservas más que suficientes para su consumo interno, pero carecían de mercados alternativos para la producción excedente. Entonces los países ricos explotaron los recursos baratos de sus colegas pobres.
Esta dependencia mutua se está deshaciendo y un nuevo orden está tomando forma, cambiando las condiciones para EE.UU. y los países consumidores. Los productores han llegado a la conclusión de que ahora tienen más poder que nunca para negociar con sus clientes. Hay dos fuerzas detrás de este cambio. Por un lado, la acelerada industrialización de India y China presiona fuertemente sobre la demanda, y seguirá haciéndolo durante décadas. Por otro, los principales productores están siendo más cautelosos con sus recursos.
Arabia Saudita y otros países con reservas de crudo han rechazado hacer las inversiones que los países occidentales creen que son necesarias para cubrir la demanda en las próximas décadas, aunque planean expandir su producción en el mediano plazo. Además, estos países están usando más de su propio petróleo para abastecer la creciente demanda de sus mercados domésticos, impulsados en parte por nuevas industrias que en otras épocas sólo existían en el mundo desarrollado.
"La idea es usar la ventaja de la disponibilidad de energía y construir industrias con esa base", dijo el ministro de Petróleo de Arabia Saudita, Alí Naimi, en una entrevista reciente. "Cualquier industria que requiera un uso intensivo de energía será bienvenida en Arabia Saudita."
Además, países petroleros desde Irán a Ecuador están usando su papel de proveedores de energía como un arma en disputas diplomáticas, incluyendo la anulación de contratos con compañías extranjeras.
Los principales países importadores están teniendo dificultades para adaptarse. La seguridad energética se ha convertido en una preocupación central en la política exterior de Washington y Pekín, entre otros. El mes pasado, un subcomité del Congreso de Estados Unidos organizó audiencias públicas sobre cómo negociar con países que usan el crudo como arma. Jaap de Hoop Scheffer, secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), declaró en mayo que la alianza consideraría el uso de la fuerza si las líneas de abastecimiento eran amenazadas.
"En lo que se refiere al gas y el petróleo, creo que la OTAN podría jugar un papel en la defensa de las vías marítimas", dijo De Hoop Scheffer ante el Parlamento Europeo.
Las grandes petroleras occidentales también están sufriendo para adaptarse. El 90% de las reservas no explotadas está en manos de gobiernos o de compañías estatales, mucho más que hace treinta años. No parece que el planeta esté quedándose sin crudo, pero algunos expertos sí ven a las grandes petroleras quedándose sin crudo fácil de extraer.
Royal Dutch Shell PLC y Exxon Mobil Corp. están apostando fuertemente por los combustibles líquidos derivados del gas natural. Shell y la francesa Total SA están obteniendo combustible de arenas alquitranadas en Canadá. La italiana ENI SpA pagó recientemente US$ 900 millones por los derechos de explotación frente a las costas de Angola.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) predice que la demanda de crudo subirá 37% de ahora a 2030, pero algunos países productores no querrán o no podrán satisfacer estas proyecciones.
Otros están usando sus recursos de forma más beligerante. El mes pasado, Ecuador expulsó a la petrolera Occidental Petroleum Corp. por una disputa contractual. El presidente de Bolivia nacionalizó la industria del gas natural, mandó tropas a 53 campos y ordenó a las compañías extranjeras renegociar sus contratos. En abril, Venezuela retomó el control de pozos explotados por Total y ENI. El nuevo panorama de la oferta y la demanda ha dejado a Occidente más vulnerable: la AIE calcula que sus 26 países miembros necesitarán importar el 85% de su consumo de petróleo en 2030, frente al 63% actual.
Todo esto ha llevado a repensar las estrategias militar y diplomática de EE.UU. y Europa. Durante 50 años, la fórmula de la seguridad energética había sido simple: protejamos las vías de suministro desde Medio Oriente y el mundo industrializado estará seguro. El presidente de EE.UU. Jimmy Carter resumió este pensamiento en 1980 en la llamada Doctrina Carter, que declaraba al petróleo del Golfo Pérsico de interés nacional y autorizaba a usar el poder militar para defender la región de cualquier ataque.
Medio Oriente, sin embargo, ya no puede absorber los shocks de demanda como hacía antes. El año pasado, cuando el Huracán Katrina asoló las instalaciones petroleras estadounidenses del Golfo de México, Arabia Saudita estaba produciendo al tope de su capacidad. EE.UU. y sus aliados tuvieron que orquestar un plan de emergencia global para superar la escasez. Regiones fuera del Golfo Pérsico son capaces ahora de complementar el suministro de Occidente. Pero eso significa que EE.UU. y sus aliados deben construir alianzas y proteger rutas menores y lejanas en áreas como el Mar Caspio, la región andina y África Occidental.
Irán y Venezuela, sin embargo, han advertido que interrumpirán el suministro de petróleo si reciben amenazas de EE.UU. En enero, Rusia cerró los gasoductos que abastecen de gas natural a Ucrania, en una decisión que muchos interpretaron como una advertencia a Kiev.
Henry Groppe, fundador de una consultora de energía con sede en Houston, ha analizado a la industria durante medio siglo. Distingue tres etapas en la historia del petróleo. La primera fue el siglo de abundancia y control de EE.UU, que duró hasta los años 70, con un precio promedio de US$ 13 el barril. La segunda fue un período de transición y de creciente influencia de la OPEP: duró hasta 2004 y el precio promedio del barril fue US$ 36. La etapa actual, que lleva apenas dos años, es más convulsionada, con mayor potencial para sacudidas en el suministro. Los precios continuarán siendo volátiles, porque los consumidores competirán por un crudo cada vez más caro. "Hemos llegado a la era de la escasez y la discriminación por precio", asegura Groppe.
Por: Bhushan Bahree, en Riad, y Chip Cummins, en Praga, The Wall Street Journal.
Fuente: La Nación
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