CRUDO: WTI 101,26 - BRENT 100,33   |   DIVISAS: DOLAR 1.395,00 - EURO: 1.650,00 - REAL: 28.300,00   |   MINERALES: ORO 4.777,24 - PLATA: 75,89 - COBRE: 574,27


EL ANALISIS : Una nueva clave energetica en America Latina

09/02/2007 | BRASIL | Noticias Destacadas | 1458 lecturas | 625 Votos




Entre todos los países de América Latina, Brasil se está convirtiendo en uno de los más sorprendentes e interesantes en el contexto energético. En una zona donde la cuestión energética parece complicarse cada vez más para la gran mayoría de los países –incluso para los grandes productores tradicionales como México, Venezuela y Argentina– el único país que está experimentado cambios claramente positivos en este sentido es Brasil.


A primera vista, Brasil tiene los típicos rasgos de vulnerabilidad de cualquier importador neto, e incluso más por depender en tan gran medida de volátiles países latinoamericanos (como Bolivia y Argentina, o incluso Venezuela, en el futuro soñado por Chávez). Es el consumidor energético más significativo de la zona (más del 40% del total de América Latina), con un aumento de más del 75% proyectado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su demanda energética primaria de aquí al año 2030 –muy por encima del promedio de incremento mundial (50%)–.


Aunque las energías renovables (hidroelectricidad y etanol, sobre todo) ya constituyen más del 40% de la mezcla energética primaria en Brasil –y a pesar de que la intensidad energética haya bajado a lo largo de las últimos tres décadas–, el peso de los hidrocarburos ha aumentado y el crecimiento de las emisiones de gases invernadero ha sido paralelo al crecimiento de la demanda brasileña.


De todas formas, en materia energética Brasil tiene algunas fuerzas tradicionales y ciertas capacidades nuevas. Desde hace tiempo es el segundo productor (tras EEUU) y el primer exportador del mundo de etanol (un derivado de la caña de azúcar). Hasta ahora el desarrollo de esta fuente ha sido relativamente limitado por la infame volatilidad del ciclo económico brasileño y la consiguiente escasez de capital a largo plazo con tipos de interés razonables.


Pero con la magnífica gestión macroeconómica de las últimas dos administraciones –junto con la extendida época de liquidez y crecimiento mundial– esta situación puede estar cambiando. En fin, la AIE prevé que el porcentaje de biocombustibles en la demanda energética del transporte por carretera en Brasil aumentará del 14% en 2004 al 23% en 2030 (o, en un escenario más optimista, incluso al 30%).


Pero incluso en el terreno del petróleo y el gas, los dos hidrocarburos tradicionalmente más problemáticos (desde las perspectivas económica, geopolítica y medioambiental), el horizonte está mejorando considerablemente para Brasil. A estas alturas –y gracias a un esfuerzo inversor admirable por parte de Petrobrás en exploración y explotación– las reservas brasileñas de petróleo y gas son las segundas más importantes de la región (solo por detrás de Venezuela).


Con reservas probadas de 11.200 millones de barriles de petróleo, la producción petrolífera nacional llegó a casi 2mbd en 2006, más que duplicándose en los últimos 10 años y haciendo al país auto-suficiente en su consumo del petróleo. Se prevé una producción de 3,1mbd en 2015 y de 3,7mbd para 2030, unos niveles que permitirían a Brasil prescindir de las importaciones durante por lo menos una generación.


Brasil es el tercer consumidor de gas natural de la zona (detrás de Argentina y Venezuela) pero su consumo está aumentando rápidamente (y, en años recientes, también su dependencia de las importaciones bolivianas). De todas formas, el porcentaje de importaciones de gas respecto al consumo irá disminuyendo si las reservas de gas siguen aumentando y desarrollándose rápidamente. El desarrollo gasista de las cuencas de Espíritu Santo y de Santos ha sido otro gran éxito de Petrobrás.


Con un poco de suerte y la continuidad de la buena gestión brasileña (tanto macroeconómica como energética) es posible que Brasil se convierta un día en un importante exportador neto de energía –o por lo menos en un país autosuficiente con menos dependencia y vulnerabilidad externa.


Pero los retos que dificultan el camino no son pequeños. Según la AIE, la inversión total necesaria para generar y distribuir suficiente oferta energética para satisfacer el incremento en la demanda ascendería a 470.000 millones de dólares hasta 2030. Y con tantas nuevas presas, oleoductos, gasoductos, líneas de transmisión y plantas de regasificación, las posibles cuestiones medioambientales prometen ser problemáticas.


Pero Brasil (en general y Petrobrás en particular) ya lleva una buena racha sorprendiendo al mundo. Si puede seguir haciéndolo en el terreno energético, no simplemente habrá mejorado su propia seguridad energética, sino también la seguridad energética del mundo entero, que no tendrá que seguir abasteciendo al nuevo gigante económico de mañana.


Análisis realizado por: Paul Isbell

Fuente: Infolatam

1459 lecturas | Ver más notas de la sección Noticias Destacadas


NOTICIAS MÁS LEÍDAS de Noticias Destacadas