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“Nuestro país no posee una política petrolera clara y a largo plazo”

30/03/2007 | INGENIERO JORGE LAPEÑA | Notas Destacadas | 2556 lecturas | 742 Votos








El consultor especializado en temas energéticos, Ingeniero Jorge Lapeña, ex Secretario de Energía de la Nación y Subsecretario de Planificación Energética entre 1983 y 1988, dialogó con Energía & Noticias sobre los acuerdos de precios por el gas boliviano, la situación del sistema eléctrico nacional, el plan Energía Plus y la postura del Gobierno actual de “disimular el problema”, entre otros temas. Lo hemos entrevistado en el marco del seminario “Perspectivas del sector energético argentino” organizado por Herramientas Gerenciales, al que asistieron importantes ejecutivos de empresas y organismos de la industria.


¿Qué correlación existe entre el crecimiento económico y el aumento en la demanda de energía?


Argentina se encuentra en un proceso caracterizado por un importante crecimiento económico después de la crisis del año 2001 con una alta suba en la demanda de los principales servicios energéticos. Existe una fuerte correlación entre el crecimiento económico y el crecimiento de la energía, en todas sus formas. 



Para ejemplificar, se puede decir que en el período comprendido entre 2002 y 2006, con un crecimiento del PBI del 39%, se registró una suba en la generación de energía eléctrica del 32% ; se produjo un aumento en la demanda de gas natural del 31% y las ventas de gasoil treparon un 26%.


La experiencia prueba que puede ocurrir que no haya crecimiento económico pero, igualmente, suba la demanda de energía. Hay varias explicaciones sobre esto: puede deberse a la existencia de una economía negra y que por ende no quede registrada en las cuentas nacionales del PBI; otra razón puede encontrarse en el progreso social, el avance hacia formas de mayor consumo de energía, como por ejemplo la compra masiva de aires acondicionados.
 
Por ello aunque no se puede decir que haya una correlación totalmente directa entre los valores del crecimiento energético anual y el crecimiento del  PBI, sí podemos afirmar en forma categórica que si el progreso ha de continuar, va a hacerlo con cantidades crecientes de energía. No se puede pensar en seguir creciendo con la misma energía.  Olvidarse de este tema nos lleva inexorablemente  a una situación de colapso.  


¿Argentina pasará en lo inmediato a ser un importador de petróleo como vaticinan muchos expertos? ¿Cuál es la relación actual entre la producción, exploración y las reservas de petróleo?


Nuestro país se encuentra desde 1998 en una fuerte declinación de la producción de petróleo. No se ha descubierto ningún yacimiento importante desde hace por lo menos 15 años y la actividad exploratoria es menor ahora que hace 20 años. Y como el consumo interno aumenta, los saldos exportables se reducen dramáticamente. En los 90’ circuló el falso paradigma “Argentina exportador mundial de crudo”. Argentina es exportadora de crudo pero con problemas.


La caída en la producción de petróleo que atraviesa el país hace ya 9 años es inédita. Si trazáramos una línea de tiempo desde 1970 veríamos que la curva de producción de petróleo siempre fue creciente hasta 1998. Con pequeño valles, pero siempre en ascenso.  Hasta ahora no se había dado un período tan grande de caída y los pronósticos de algunas empresas petroleras líderes es que en los próximos 5 años esta tendencia no se revierte. 


Si estamos ante una caída coyuntural de la producción del petróleo es una discusión que aún no se ha dado. Según las proyecciones pareciera que Argentina, si sigue con el ritmo actual de alta demanda con baja producción y exploración, fatalmente pasaría a revertir su posición de exportador. Esto no sería grave, porque a la mayoría de los países que les va bien importan petróleo, pero es un hecho que hay que tener en cuenta.


¿Por qué considera que el gas natural es la columna vertebral del sistema energético argentino?


Porque de cada 100 unidades energéticas que se consumen en Argentina, 50 son de gas natural. En términos relativos, Argentina es uno de los países del mundo que más gas natural consume. Si tuviéramos un faltante importante del gas natural en nuestro país, el problema sería grave.


Las reservas de gas natural en los años 80’ eran de 30 años, en la actualidad son de apenas 9 años. Además, Argentina está atravesando serios problemas para cumplir con los compromisos de abastecimiento, tanto con el mercado interno como en el externo. 
Lo problemático es que cada vez se está consumiendo más gas natural. Centrales eléctricas que antes quemaban fuel oil ahora consumen gas natural, los autos que funcionaban a nafta son reconvertidos a este combustible, y lo mismo sucede en otros rubros.


Pero la evolución de las reservas de petróleo y gas presenta situaciones totalmente diferentes. En el año 1977 se produjo un evento extraordinario en la historia energética argentina, que es el descubrimiento de “Loma La Lata”, un yacimiento gigante, que entonces tenía algo así como 350 mil millones de metros cúbicos de gas, que se aproximaba a la totalidad de las reservas de petróleo que tenía el país hasta ese momento. A partir de ese año las reservas de gas casi se triplican, y por esa razón cambió el paradigma energético.


Ubicado a más de 1000 kilómetros de Buenos Aires, “Loma La Lata” era el yacimiento de gas más cercano, pero había otros yacimientos en puntos tan disímiles como Tierra del Fuego y Salta. Construir gasoductos siempre fue un problema, pero se decide hacerlo para poder utilizar todo ese gas. 


Pero además de grandes gasoductos se necesitaba una gran transformación del consumo energético argentino. Primero se tuvo que convencer a los dueños de las centrales eléctricas para que adaptaran los quemadores de sus calderas, luego se pasó a los industriales y por último los consumidores individuales. En definitiva, fue todo un proceso coordinado que llevó a que en nuestro país se consumiera más gas.


El problema es el siguiente: si cada vez se consume más gas y no se exploran nuevos yacimientos de petróleo porque se descansa en ese gran descubrimiento, evidentemente se llega al punto actual en el cual la relación entre las reservas y el consumo no es sustentable. Al ritmo actual de consumo, solo tenemos gas para 9 o 10 años. Con estas perspectivas, Argentina solo podría sostener su ritmo actual de consumo de gas si descubre otro gran yacimiento como “Loma La Lata”, o si se asegura el suministro externo.
 
Hoy el crecimiento de la producción de gas oscila en un 1,3% pero su demanda aumenta paralelamente un 5%. Entonces, ¿cómo se resuelve esto? se importa (algo que no estaba previsto), se descumplen los contratos de exportación y se raciona el mercado interno. 
En síntesis, Argentina necesita desde el 2005 importar más cantidad de gas natural.  Para sostener este nivel de consumo, nuestro país tendría que importar el valor equivalente a un tercio de sus reservas, por ende, ya dejó de ser un importador marginal de gas.


¿Los acuerdos de precios con Bolivia podrían atenuar esta situación?


El acuerdo con Bolivia por la provisión de gas natural todavía debe ser implementado.  Esto solo despeja la incógnita respecto de la procedencia del suministro. Bolivia es nuestro importador natural de gas, porque está cerca, tiene grandes reservas y bajo consumo interno. Pero subsisten incógnitas que aún no están resueltas: ¿cuándo estará el gas boliviano en condiciones de entregar o pagar?, que es el momento en el cual se puede hacer el gasoducto. Otra cuestión es el precio, ¿cómo queda en relación con el precio pactado con Brasil?. El precio acordado fue un poco alto, pero como en ese momento lo más importante era tener el gas había que aceptarlo. Brasil tiene una conducción energética muy madura, por lo tanto tiene que tener más ventajas.



Igualmente, a mí no me importaría tanto una pequeña diferencia de precio, porque lo que impera es el tiempo. Hoy es fundamental saber cuándo estará listo el gasoducto para poder traer el gas desde Bolivia. Esto no está resuelto porque todavía no están definidos los proyectos para sacar ese gas y, por ende, no se han firmados los contratos ni se ha iniciado su construcción de los gasoductos. 


Hay que tener en cuenta que Bolivia se encuentra en un proceso de reorganización. Se le ha ocurrido que, dentro de su proceso histórico, éste era el momento de modificar el proceso productivo. ¿Cuándo se podrá firmar el contrato definitivo que permita iniciar la construcción del Gasoducto NEA?, todavía es una incógnita. Esperemos que rápido.


¿Cuánto tiempo cree que puede demandar la construcción del Gasoducto NEA una vez resultas estas cuestiones?


La experiencia prueba que las obras de infraestructura de este tipo tardan más en papeleo que en construcción. La obra propiamente dicha puede estar lista en 2 años. Me baso en la construcción del Gasoducto Neuba, que era un poco más corto y se hizo en un tiempo récord de un año y medio.


Pero todo el proceso de firma de suministro de gas, de acuerdos con el Gobierno, licitaciones y financiación siempre es muy lento. Por ejemplo: Salto Grande es una gran obra de infraestructura que hizo la Argentina, la construcción se inició en 1974 y en el 1979 ya estaba terminada, pero la piedra fundamental se había colocado en 1946.


 
Por esta razón destaco que es tan importante saber cuándo se podrá firmar el contrato que permite iniciar la obra, porque a partir de ese momento sabemos que, aproximadamente, en dos años estará lista. 


Con estas demoras y con la escasez de reservas, Argentina está jugando el papel de “chico malo del barrio”. Llama a Chile y le dice que no le va a entregar el gas que contractualmente está comprometido, llama a los industriales y les dice que bajen la demanda, etc. 


Hoy los industriales están preocupados porque les transfieren todos los costos de ampliación de gasoductos que, además, extraen de los mismos yacimientos que se están agotando. O sea, lo único que se logra con esto es transportar lo mismo más rápido. A su vez, se ha dejado fuera de estos recargos a los usuarios de GNC y los residenciales que podrían haber ayudado a pagar los costos.


¿Si los precios del gas residencial y el GNC no estuvieran congelados se incentivaría la inversión en exploración de nuevos yacimientos de gas?


El precio es un tema, no lo niego, pero yo tengo la hipótesis que para atraer inversores se necesitan, además del precio, otras condiciones (políticas legales y normativas) que hoy no están dadas en nuestro país. Primero se necesita seguridad normativa, saber cuáles son las reglas del juego; segundo, hay que definir con cuánto se va a quedar el inversor si descubre el petróleo y cuánto va a ser la participación del Estado en el resultado; y tercero, que se asegure que no se va a confiscar lo descubierto. En resumen, el tema tarifario es importante pero no es el único, hay cuestiones más importantes que hacen a una política petrolera clara y a largo plazo que nuestro país hoy no posee.


¿Y cuál es la situación del sistema eléctrico?


La realidad es que el sistema eléctrico llegó al máximo de sus capacidades para satisfacer el pico de demanda diario. Argentina tiene una potencia instalada de alrededor de 24.000 Mw. Sin embargo, los valores de la potencia instalada nominal no pueden ser alcanzados por diversas razones: primero, porque son máquinas y hay una indisponibilidad promedio del parque de máquinas que está en mantenimiento por diversas razones; en segundo lugar, porque hay centrales hidroeléctricas, y la producción de este tipo de centrales depende del aporte de agua de los ríos; y en tercer lugar, y cada vez esto es más importante en la Argentina de estos tiempos, porque hay centrales que, estando en perfectas condiciones técnicas, no lo pueden hacer porque no cuentan con el combustible necesario para funcionar. Todo esto hace que esa potencia real sea siempre menor a la instalada. 


Un sistema que está bien pensado es aquel en el cual el crecimiento de la oferta se  anticipa a la suba de la demanda; dicho de otra forma debe existir “siempre” una reserva técnica adecuadamente dimensionada. Es necesario construir las nuevas centrales con la suficiente antelación respecto a la demanda. Pero la realidad demuestra que entre 2002 y 2007 no entró en servicio ninguna nueva central, entonces estamos acumulando un déficit creciente. Y esta situación fue anticipada por organismos oficiales como CAMMESA.  Por eso el Gobierno puede seguir negando el problema pero esta falta de previsión es innegable.


Igualmente creo que el problema más grave no es que el sistema eléctrico no pueda satisfacer el pico máximo de demanda diaria. La complicación más importante de un sistema eléctrico mixto (hidráulico y térmico) como el argentino está  en que el sistema debe ser capaz de operar en forma satisfactoria aún en el año hidrológico más seco el “año hidrológico crítico” (este es un año que tiene una recurrencia de 20 años). Es decir, el año en el cual las centrales hidroeléctricas producen, por cuestiones estadísticas, la menor cantidad de energía posible. Si Argentina tuviera que afrontar ahora el año hidrológico de menor generación de energía hidráulica, el parque térmico y nuclear no podrían hacer frente a la demanda actual de 100 mil GW/h. 


Además, creo que no es esperable, en el actual contexto, que surja una nueva corriente inversora en centrales eléctricas por métodos capitalistas. No hay ningún inversor que esté pensando en este momento en invertir en la construcción de nuevas centrales eléctricas para ganar dinero con ello. Esto es grave porque tampoco está el Estado pensando en construirlas con instituciones estatales (empresas del Estado o ministerios como se hizo en el pasado).


Las nuevas centrales de ciclo combinado Foninvemen, de 1600 MW, entrarán en servicio entre fines de 2008 y principio de 2009; éstas centrales fueron licitadas pero el precio de compra resultante de esa licitación se incrementó en 40% respecto al presupuestado porque al premiar el tiempo de ejecución muy exigente se eligió al oferente  que pudiera terminar el trabajo más rápido, y éste resultó ser el más caro.  Siemens podía trabajar más rápido, pero salía más caro. Por otra parte, la central atómica Atucha II no creo que se termine antes de 2011 y Yacyretá estimo que no se concluirá (a cota 83msm) antes del 2009, así que el tema inmediato no tenemos como solucionarlo.  


¿Ante este panorama es posible que se siga negando la existencia de una crisis energética?


Se llame como se llame estamos en un gran problema de índole estructural en nuestro sector energético; creo además que el Gobierno actual no mostrará hasta la finalización de su mandato una gran jugada de reorganización energética. Me inclino más a pensar que seguirá primando el manejo y arbitraje del conflicto permanente (yo a esto lo llamo crisis). Para eso me baso en la lectura de resoluciones que dan a entender en los considerados y en la parte resolutiva que el problema existe y es conocido por los funcionarios y, fundamentalmente, en el discurso del Presidente de la Nación, Néstor Kirchner, ante la Asamblea Legislativa el 1° de marzo pasado.


Estimo, no obstante, que el Gobierno continuará con su estrategia de disimular el problema, negando su existencia. Intentará que no sea percibido por la población evitando el incremento tarifario y el corte residencial. 


Yo creo que la simplificación que hace el gobierno es la siguiente: “No existe el problema mientras no se le corte la luz ni haya un tarifazo para el pueblo. Si para eso tenemos que hacer cortes selectivos, subirle el precio a algunos, frenar la exportación contractualmente comprometida, poner un fondo específico, lo vamos a hacer”.


¿Energía Plus se ubica entonces dentro de esta estrategia?


El Plan Energía Plus consiste en tirarle el problema a uno solo de los sectores del consumo (a la industria). O sea, no se admite la crisis energética pero se le advierte al industrial que no tendrá la energía necesaria para acompañar su crecimiento productivo.  Es muy serio que –en un contexto de fuerte crecimiento económico como el actual- se le diga a la industria que tiene garantizada sólo la energía que consumió durante el 2005, pero que la del 2006 en adelante tenga que salir a comprarla a precios que pueden ser exorbitantes.


Además el Plan Energía Plus es –en los hechos- una segmentación de la demanda y, por lo tanto, un sistema de cortes selectivos ante la eventualidad de una falla del suministro.  Es un sistema de segmentación de la demanda que nos prepara para lo peor.


Jorge Edgardo Lapeña es Ingeniero Industrial (UBA) y consultor especializado en temas energéticos. A lo largo de su larga trayectoria fue Secretario de Energía de la Nación y Subsecretario de Planificación Energética durante el Gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, período 1983- 1988; Presidente del directorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) 1987-1988; Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica CNEA y miembro del directorio 2000 -2002.  Presidente del Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi” desde 1985.





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