Los analistas del Cato Institute sostienen que las razones que llevan a los estadounidenses a preocuparse por la escasez de petróleo son falaces y que si bien existirán problemas energéticos en el corto plazo, no es recomendable embarcarse en fantasmas que impiden buscar una solución a los problemas reales. Un informe que presentó la revista EDICIÓN i en una Argentina que por mala política gubernamental no hay exploración suficiente de nuevas reservas:
Decir que la energía es un recurso estratégico para los países en la era que viene no resultaría una información interesante ya que a cada momento se toca el tema en los medios de comunicación, imprimiéndole mayor o menor dramatismo, según las diferentes líneas editoriales.
De todos modos, no se puede dejar de ver atentamente cuáles son las tendencias del mercado energético a nivel mundial, y lo que está haciendo cada uno de los países en este sentido.
La escasez de petróleo es uno de los grandes fantasmas que se agitan, mito que ciertos “think tank” como el Cato Institute se esfuerzan por desmentir.
Se trata de un miedo presente en cuanta discusión energética se produzca, ya que el petróleo representa el 40% de la energía que se consume en total. 
“Muchos estadounidenses han perdido la confianza en su ‘seguridad energética’ en los pasados años. Porque Estados Unidos ha sido un importador neto de petróleo y por este motivo la energía es naturalmente una cuestión de política exterior. Algunos analistas en política exterior temen que la caída de reservas de petróleo sean todavía más notorias en regiones políticamente inestables, y piden que se incrementen los esfuerzos por parte del gobierno estadounidense para estabilizarlo, alternativamente, democratizar las regiones productoras de petróleo políticamente tumultuosas.
Otros argumentan que China está persiguiendo una estrategia para “cerrar” las reservas existentes de petróleo en todo el mundo a través de acuerdos de compra a largo plazo y una diplomacia agresiva”, sostiene el informe de Cato Institute firmado por los expertos Eugene Gholz y Daryl Press.
Respecto de China, ellos no ven que sea un fantasma al que temer si bien es cierto que la demanda ha ido creciendo y va a seguir en aumento.
Sostienen que algunas de las iniciativas del gobierno chino han tenido que ver con la obtención de concesiones en Angola, Canadá, Ecuador, Guinea Ecuatorial, Kazajstán, Kenya, Nigeria y Perú entre otros. De esta manera habrá más petróleo en el mercado y los precios tenderán a caer.
“En suma, la política de China respecto del petróleo no perjudicará a los Estados Unidos, si no que por el contrario terminará beneficiando a la economía estadounidense”, resume el informe.
También agregan que este tipo de problemas en los países productores generan picos en los precios del petróleo, sobre todo en el Golfo Pérsico.
Los analistas sostienen que “Esos miedos sobre las reservas de petróleo son exagerados y ninguno de ellos debería ser foco de política exterior o militar estadounidense”.
Por su parte, el ex congresista republicano Richard Pombo, sostiene que “En Estados Unidos no hay escasez de petróleo… lo que hay es falta de voluntad en Washington para que los trabajadores norteamericanos lo extraigan”.
Un informe realizado por Daniel Yergin, de Cambridge Energy Research Associates, sostiene que la producción para el año 2010 aumentará 20%, para alcanzar 101 millones de barriles diarios.
Los cantos de sirena, en el caso estadounidense, vienen de hace muchísimos años.
Un artículo del sitio venezolano Analítica.com sostiene que “Ya en 1874, el geólogo del estado de Pensilvania mostraba gran preocupación porque apenas quedaban cuatro años de petróleo. En 1914, el gobierno en Washington anunció que quedaban 10 años. De nuevo, en 1940, el gobierno determinó que las reservas petroleras se consumirían en los próximos 15 años. En 1977, el presidente Jimmy Carter se lamentaba de que en una década ya no podríamos importar petróleo “de ningún país, a un precio aceptable” para cubrir nuestras necesidades”
Pero dice que “La realidad ha sido totalmente diferente. La estimación sobre las reservas mundiales aumentaron de 60 mil millones de barriles en 1920 a 600 mil millones de barriles en 1950, a 2 billones (millones de millones) en 1990, a 3 billones para el año 2000 y siguen creciendo”
La explicación está en el hecho que, a medida que crece la demanda y aumentan los precios, las compañías petroleras hacen mayores esfuerzos en exploración.
Analítica sostiene además que “Los pronosticadores del fin del mundo se equivocan una vez más y, como siempre, subestiman el ingenio humano, cuando este cuenta con incentivos en el diseño y aplicación de nuevas tecnologías para lograr aumentar la oferta”.
Las posibilidades de extracción no se han agotado en suelo estadounidense y expertos en petróleo señalan que “ya podemos extraer 150 mil millones de barriles adicionales en Estados Unidos, 175 mil millones de barriles de las arenas bituminosas del Canadá, 300 mil millones del fondo de los mares y unos 2,6 billones de barriles de los suelos rocosos de Colorado, Utah y Wyoming”
Es importante entender cómo funcionan los mercados en el caso del petróleo. Gholz y Press lo explican de una forma muy sencilla: “Los mercados petroleros parecen ser más misteriosos de lo que realmente son. Los detalles del mercado son muy complejos, pero pocos de esos detalles importan para una discusión entre las conexiones que tienen el petróleo y la política exterior. A las empresas petroleras les importan esos detalles porque están tratando de sacar ganancias en cada contrato en particular, pero las políticas nacionales dependen solamente de la disponibilidad general y de los precios del petróleo”.
Y siguen explicando que “Por la complejidad del mercado, los medios usualmente sugieren que los mercados petroleros se mueven sin una conexión clara hacia los ‘fundamentals’ de la economía y a los miedos irracionales de las acciones de gobiernos sombríos que manejan los precios y la disponibilidad de los productos. Es cierto que los temores de los consumidores y las decisiones de los abastecedores importan, pero sus efectos pueden ser entendidos con un marco de referencia tradicional. Dos procesos principales determinan los precios del petróleo: las fuerzas de oferta y demanda y apremios de esas fuerzas creadas por riesgo político y comportamiento cartelizado”.
Por su parte, Cato Institute sostiene que los tiempos por venir en efecto presentarán problemas en lo que tiene que ver con la energía y ponen como ejemplo al calentamiento global, que requerirá que se realicen acciones a gran escala en todo el mundo.
También se presentará la necesidad de buscar fuentes alternativas de energía. En este sentido, existen detractores que sostienen que es una búsqueda estéril.
Las energías alternativas, o renovables, parecerían ser la solución. De todos modos, existen detractores como Andrés Buenfil Friedman, doctor en análisis de energía y sistemas ecológicos por la Universidad de Florida dice que se trata de una falsa esperanza porque sostiene que el rescate por parte de este tipo de energías es imposible.
“La energía renovable tampoco tiene la versatilidad del petróleo”, dice, comparándolo con el gas natural y “como no hay reservas de sol, viento o de la fuerza cinética de las mareas, no se le puede sacar tanto jugo a la energía renovable como a los almacenes geológicos de hidrocarburos”.
El experto habla de los biocombustibles, la nueva tendencia que busca sustituir la gasolina. Recuerda que proviene de la caña de azúcar y que “son procesos sumamente dependientes del petróleo (siembra, irrigación, cosecha y transporte) y el gas natural (fertilizantes).
A su vez, el hidrógeno que se usa en las famosas celdas de hidrógeno no es una fuente de energía sino un transportador (carrier) de energía y requiere de enormes cantidades de carbón o hidrocarburos para su producción, lo que resulta, nuevamente, en muy poca energía neta como para propiciar crecimiento económico. Además, se requiere de energía fósil, especialmente petróleo, para desarrollar e instalar cualquier alternativa; por ejemplo, para fundir sílice en la fabricación de paneles solares o para producir e instalar turbinas eólicas.
De igual forma, remplazar la flota mundial de vehículos de combustión interna que utilizan diesel o gasolina por automóviles y camiones más eficientes, como el Prius de Toyota o los Hybrid de Honda, requeriría por lo menos 45.500 millones de barriles de petróleo para su producción (65 barriles para producir un Toyota Prius por 700 millones de vehículos en el mundo)”.
Volviendo al informe del Cato Institute, el punto sobre el que buscan hacer hincapié los autores tiene que ver con no distraerse en problemas incorrectos.
Ellos dicen que la Casa Blanca no necesita andar por el mundo “pacificando” o “democratizando” regiones netamente productoras de petróleo para asegurarse el acceso al crudo.
“Las grandes empresas petroleras compensan el riesgo de interrupciones en el suministro mediante la diversificación y los seguros; que permiten que sigan invirtiendo y proveyendo un flujo de petróleo a pesar de los cortes periódicos de fuentes puntuales de aprovisionamiento”, dice el informe del Cato Institute.
Por otro lado sostiene que tampoco es necesario confrontar con la política de Beijing porque en realidad es probable que logren es expandir la provisión a nivel global, lo que terminará beneficiando a todos los consumidores.
Proponen concentrarse en los asuntos que sí son vitales, para elaborar políticas para poder solucionarlos.
POR MARÍA JOSÉ BONACIFA
Fuente: Urgente 24
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