
La industria petroquímica nacional enfrenta nuevos desafíos. El desarrollo de la economía, el panorama en Brasil, el impacto aguas abajo, la nueva realidad del crudo y la incidencia de la renovada competitividad norteamericana sobre la región son factores que impactarán en el andar diario del sector durante este año.
En el caso específico de Petroquímica Cuyo, uno de los principales productores de polipropileno del país, estas condiciones parecen estar dadas para un crecimiento rentable. Sucede que la compañía concretó proyectos a lo largo de los últimos años que hoy le permiten alcanzar una capacidad de producción de 130.000 MT/año de polipropileno, tanto homopolímeros como copolímeros y especialidades. “Inversiones continuas en mejora de procesos, eliminación de cuellos de botella y renovación de equipamiento fueron claves para lograr esas marcas”, destaca Andrés Soto, gerente comercial de la empresa, en diálogo con Revista Petroquímica, Petróleo, Gas, Química & Energía.
En ese sentido, sobre el final de 2015 se instalaron nuevos condensadores en los reactores y este año se completó el reemplazo de un extrusor por uno de alto torque y mayor capacidad de producción (WSK170). Esto elevó la confiabilidad operativa de la planta trabajando a un régimen de producción de casi el 100%.
La relevancia de dichos números se aprecia más cuando se la compara con su capacidad inicial de start-up, que fue de 60.000 MT/año,únicamente de homopolímeros. “Las demandas de los diferentes productos hicieron que en los últimos años renováramos la mayor parte de los equipos de la planta para optimizar nuestro trabajo y llevarlo a procesos que proximamente incrementen la producción”, señala Soto.
Entre otros proyectos menores, la productora encaró la instalación de un nuevo compresor de gas carrier, equipo clave y de costo significativo para la unidad de polimerización, donde no se produce una reacción total de los monómeros que se incorporan al reactor. “Mediante esta iniciativa, capturamos un porcentaje de las emisiones actuales de propileno y reducimos el consumo de nitrógeno fresco empleado en la corriente de gas de purga para remover el monómero residual del polímero extraído de los reactores”, remarca el ejecutivo.
Tanto la disponibilidad de gas como la depreciación del precio del crudo en el país del crudo juegan un papel determinante en esta decisión inversora de la compañía. “Si bien no se reflejó íntegramente en la Argentina, marca tendencia en el largo plazo, pero en el corto son los precios de referencia internacionales de la materia prima propileno (PGP y RGP) los de impacto más significativo”, explica.
La producción de polipropileno tiene a la vez un valor agregado sobresaliente: se utiliza en la fabricación de una enorme gama de productos de uso cotidiano y de insumos para otras industrias, por lo que de bajar la demanda de algún insumo, el sobrante se ubica en otra rama y la producción permanece constante. “Mantenemos una administración ajustada de los gastos variables y fijos y a la vez tratamos de optimizar el precio de venta en el mercado interno al incorporar productos especiales, mejorar nuestro servicio al cliente y buscar en forma permanente aplicaciones más rentables. En síntesis, aplicamos una receta típica para mantener la competitividad: la optimización continua de nuestra cadena de valor”, comenta el directivo.
soto3Soto: “Los desembolsos de riesgo deben vislumbrar un retorno adecuado sobre la inversión para comprometer recursos que redituarán necesariamente en el mediano-largo plazo. En ese contexto, sumado a la disponibilidad conocida de materias primas, soy muy optimista en relación con el desarrollo petroquímico local y regional”. (...)
Fuente: Revista Petroquímica
551 lecturas | Ver más notas de la sección Actualidad