
"Esto es como en la cocina: ya nos comimos la parte de arriba de la olla, ahora tenemos que raspar el fondo", dice Juan Carlos Bonapace, gerente de Tecnología de Halliburton.
Debajo de sus pies, a casi 3.000 metros de profundidad, la dura roca de la formación Vaca Muerta sufre milimétricas fisuras, causadas por agua y arena bombeadas a un presión 170 veces mayor que la del neumático de un auto.
La empresa estadounidense junto con EOG asistieron esta semana a la estatal GyP en su primera fractura hidráulica en un pozo del yacimiento Aguada Federal.
Estuvo entre las dos operaciones más grandes de la historia de los no convencionales en la provincia y el terreno devolvió resultados auspiciosos: todo hace prever que en ese lugar podrá montarse una factoría de petróleo, desafío que la joven compañía neuquina encarará con la alemana Wintershall.
En medio del debate sobre el impacto ambiental que produce la técnica, el gobierno dio el primer paso hacia una política de "puertas abiertas" y realizó un invitación a la prensa, a diputados opositores y a dirigentes gremiales para que vean en tiempo real y en el lugar de los hechos cómo se realiza la fractura. La intención es sentar postura en medio del fuego cruzado que se potenció después del acuerdo de YPF y Chevron.
Un equipo de "Río Negro Energía" recorrió las instalaciones del pozo X-1 de Aguada Federal para conocer desde adentro en qué consiste la técnica del fracking. La operación se realizó a casi 3.000 metros bajo tierra, dentro de un caño que tiene un diámetro de cinco pulgadas, apenas más ancho del que se utiliza para una cloaca domiciliaria. El primer paso es el punzado. Son tres pequeñas explosiones que "pinchan" la gruesa tubería para llegar a la roca.
Ahí aparece el agua. En este caso, se utilizaron 2,6 millones de litros del río Neuquén. Se trasladaron en camiones hasta la zona del pozo y se acopió en dos gigantes tanques australianos de tres mil metros cúbicos cada uno. Desde allí se bombeó a altísima presión hacia las profundidades de la tierra para agrietar la piedra de Vaca Muerta y permitir la surgencia del petróleo que permanece atrapado.
Pero el agua no viaja sola. Junto con ella, se inyectaron más de 900 metros cúbicos de gel y doce químicos distintos. Los compuestos se expusieron en probetas etiquetadas sobre una mesa que más tarde terminó copada por los desechos del catering. El director de GyP, Gustavo Nagel, puso énfasis en que el detalle de cada uno de ellos está contenido en el informe de impacto ambiental y que ninguno es secreto.
Sólo se resguardan los porcentajes que se utilizan, aunque siempre están dentro de un rango autorizado. "Existe una datasheet (hoja de información) de cada químico, que no sólo específica qué es y para qué se usa, sino qué medidas hay que tomar en caso de cualquier contingencia con los mismos", detalló el funcionario. Los mismos se utilizan de forma escalonada, sobre todo para evitar la presencia de bacterias y ayudar a la viscosidad del agua.
Pero la vedette de todo el proceso es la arena. Los minúsculos granos de roca terminan siendo la medida de toda la operación: para los ingenieros, una fractura es grande o chica según la cantidad de bolsas de este insumo que se utilicen. En este caso, fueron más de 21.000, o casi 1.000 toneladas.
La arena sirve para que las grietas que se producen en la roca queden abiertas. GyP utilizó tres variedades de distinta granulación, todas provenientes del país. Pero no se trata de cualquier grano, ya que pasan por intensos estudios de laboratorio hasta asegurarse de que soportarán la altísima presión de las profundidades. Se mueven a través de una grúa con bolsas, desde un enorme depósito que recuerda a un silo.
Entonces agua, aditivos y arena llegan a la formación Vaca Muerta y fracturan la roca. La superficie de esta operación múltiple, que se hizo en tres etapas, fue de aproximadamente 600 metros cuadrados. Es decir que bajo los pies de todos los presentes la tierra se estaba quebrando. Pero no se perciben temblores ni nada parecido. Sólo el ruido de los doce camiones de bombeo que trabajan por unas cuatro o cinco horas continúas.
Toda la operación se siguió de forma digital desde la "frac van", un tráiler con computadores que miden la presión y el comportamiento de la roca bajo tierra. Desde Houston, Estados Unidos, técnicos de EOG analizaban los resultados en tiempo real vía satélite. Otros dos estadounidenses lo hicieron desde el pozo. Llevan en su haber más de 1.600 fracturas en formaciones shale. En Neuquén se realizaron unas 2.000 en toda la historia.
Una vez abierta la roca y generado el canal para que fluya el petróleo, se coloca un tapón para evitar la surgencia y se repite la operación unos metros más arriba, hasta que toda la formación esté completamente abarcada. Luego, los tapones se rotarán y el pozo comenzará a producir.
Uno de los puntos más sensibles de la operación es el manejo del agua. Buena parte de los cientos de miles de litros nunca retorna. El flowback, como se llama al líquido que regresa, se condujo por cañerías herméticas a unas piletas cerradas. Desde allí se dirigieron a un módulo de tratamiento móvil (ver página 4) que acondiciona el líquido y lo deja apto para ser reutilizado por la industria. En esta caso, lo aprovechará Total para otra fractura, por lo que no queda desperdicio.
Fuente: Diario Río Negro
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