
Fueron varios los temas que los presidentes Alberto Fernández y Jair Bolsonaro dialogaron a lo largo de los casi 50 minutos que se prolongó la videoconferencia con motivo del Día de la Amistad Argentino-Brasileña. Entre ellos, un proyecto que el gobierno argentino impulsa con fuerza desde el campo energético, para tomar el lugar de Bolivia en el aprovisionamiento de gas a los vecinos, mediante dos alternativas: la venta de gas natural licuado y la construcción de un gasoducto de 2400 kilómetros desde Vaca Muerta a Porto Alegre.
El denominado "Proyecto Gasoducto Uruguayana – Porto Alegre" es unas de las iniciativas más ambiciosas que hoy estudia la Secretaría de Energía de la Nación. Su titular, el neuquino Darío Martínez, ya mantuvo reuniones con el ministro del área brasileño, Bento Albuquerque, con el embajador Daniel Scioli como nexo. Ambos presidentes retomaron el tema en su primera conversación bilateral que el representante argentino soñaba con que se concretara de forma personal sin éxito.
La relativa distensión con la que transcurrió el primer cara a cara, ayudados por la figura de Diego Maradona para exorcizar la frialdad inicial, alimentó las expectativas en una futura foto en persona de ambos mandatarios, quizás en marzo próximo, en ocasión de un nuevo aniversario: los 30 años del Tratado de Asunción. Acorde a los cálculos formulados en el Gobierno, el gasoducto binacional "permitiría llevar la demanda brasileña actual de gas de nuestro país de 3 millones m3/día a unos 15 millones m3/día".
Se dividiría en tres tramos: desde Tratayen (Neuquén) a San Jerónimo (Santa Fe); desde San Jerónimo (Santa Fe) a Uruguayana, en la frontera de Rio Grande do Sul y ya en el territorio vecino, desde Uruguayana a Porto Alegre, la capital del mismo estado. Comprende una inversión total de 5 mil millones de dólares y un tiempo estimativo de construcción no inferior a los dos años. Su principal obstáculo lo constituye la previsión brasileña de producción de gas natural que podría crecer de los 139 millones m³/día actuales a los 253 millones m³/día a lo largo de la próxima década gracias a las reservas del Pre-Sal. Un dato no menor.
"En ese sentido —consigna un documento interno del Ejecutivo—, debe tenerse en cuenta que el aumento de la producción de gas brasileño podría generar algunas dudas en ciertos sectores públicos y privados en Brasil respecto de la necesidad real de llevar adelante una inversión como la necesaria para la construcción del gasoducto Uruguayana – Porto Alegre." Ante esta posibilidad, la venta de GNL mediante transporte terrestre o marítimo desde algún punto del este del país —en el Gobierno sugieren Entre Ríos—, podría concretarse a partir de los gasoductos de la zona mesopotámica y plantas de licuefacción de pequeña escala con el objetivo de aprovisionar Brasil para la generación de energía eléctrica, vehículos impulsados por GNL y GNC y otros usos. (...)
Fuente: Perfil
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