
En el detallado informe, Svampa destaca que “la avanzada extractiva produce una fuerte estructura de desigualdades así como la dislocación del tejido económico y social previo.
Esto incluye, además de la dimensión ambiental, otras, vinculadas al estilo y calidad de vida, a las relaciones laborales y de género, ya que allí donde irrumpen las actividades extractivas a gran escala, se intensifican y exacerban diferentes problemáticas sociales: así, el “derrame” económico beneficia a unos pocos, los alquileres y el costo de la vida se disparan al ritmo de los sueldos de los trabajadores petroleros o mineros; las localidades se convierten en pueblos-campamentos o en ciudades-commodity; se exacerban los problemas ligados a la prostitución, a la trata, a la inseguridad, a la adicción”.
La ciudad, según Svampa, es el emblema de estas características. Y menciona algunos datos. Comodoro “a diferencia de otras ciudades patagónicas, posee una densidad poblacional importante”. “Fue recién en los años 70 que ésta, que cuenta con uno de los ejidos urbanos más extensos del país, fue absorbiendo barrios aledaños y campamentos de la zona norte, en un proceso de “municipalización tardía”.
Al igual que otros pueblos campamentos y posteriormente ciudad-commodity, Comodoro Rivadavia nacería bajo el signo del imaginario del desarraigo, típico de las regiones petroleras, que se nutren de una importante población migrante, cuyo paso por el lugar -y el trabajo- es concebido estacionario o provisorio”.
LA PRIVATIZACIÓN
La socióloga resalta que “como otras localidades petroleras, en los 90, el proceso de privatización de YPF afectó mucho a la región, en la medida en que implicó un desmantelamiento de una economía regional”. “En sintonía con lo ocurrido a nivel nacional, las medidas desreguladoras y liberalizadoras, provocaron profundos cambios en la estructura económica de la región, en términos de desindustrialización y aumento de las actividades terciarias, sobre todo en el comercio y el sector servicios, que en Comodoro Rivadavia pasaron de absorber en 1982 el 48,7% de la población económicamente activa, al 58% en 1992”.
OCIO, CONSUMO Y ADICCIONES
“Otra cuestión que ha generado numerosos conflictos sociales es la desigualdad existente entre los trabajadores del petróleo” afirma, y menciona como antecedente a los “dragones”, obreros que realizaban trabajos en los yacimientos y que cobraban hasta un 40% menos que un petrolero.
“Otra cuestión es la exacerbación de problemáticas sociales como la adicción. En conversación con uno de los autores, (Sebastian) Barros –investigador del CONICET y profesor en la UNP- habló acerca de la relación entre adicciones y trabajadores del petróleo, en Comodoro Rivadavia, según el cual la empresa Tecpetrol tiene 70 trabajadores internados por adicción. Un dato escalofriante que obliga a revisar sobre las condiciones de trabajo en el área petrolera.
Al respecto, el subgerente de Salud Ocupacional y Programas Nacionales de Prevención, Germán Canteros sostuvo que “Las adicciones y el trabajo tienen un gran índice, es difícil comprobar si tienen que ver con las situaciones laborales o si tienen que ver con la vida particular de las personas” dijo. No obstante, consideró que el tipo de trabajo podría tener alguna injerencia porque “se debe tener en cuenta que son personas que sufren un desarraigo y están en lugares inhóspitos. Pero a eso hay que estudiarlo, no hay ninguna estadística que lo demuestre”.
CONTAMINACIÓN Y PASIVOS AMBIENTALES
“La situación ambiental es igualmente preocupante” asegura. Según relevamiento periodísticos Svampa indica que “datos aportado por el Ministerio de Ambiente y Control de Desarrollo Sustentable de Chubut, en la provincia hay unos 16.000 pozos de los cuales un 38% están en producción (aproximadamente 6.000), un 32% abandonados (4.900) y el resto inactivos (4.600).
En la Cuenca del Golfo San Jorge hay unas 780.000 hectáreas directamente afectadas a la actividad petrolera. Según la Universidad Nacional de la Patagonia son unos 500 los superficiarios involucrados en la asociación, de los cuales unos 100 pertenecen a la provincia de Chubut”.
“Se estima que Comodoro Rivadavia es una de las ciudades de mayor pasivo ambiental del país. Según los últimos datos dados a conocer, tiene un total de 2.444 pozos petroleros abandonados, de los cuales unos 1.425 pertenecen a YPF”.
“Por otro lado, los estudios existentes indican la afectación del ecosistema marino y costero: “los sedimentos de la zona del Golfo San Jorge están contaminados con hidrocarburos de origen antrópico (producido por el hombre). En todas las muestras de este Golfo se detectó aparte de petróleo fresco, la presencia de MCNR (mezcla compleja no resuelta) indica petróleo degradado o material orgánico degradado de múltiples fuentes. Estos datos estarían señalando un “input” constante por las operaciones conectadas con la explotación petrolera de la zona y el transporte marítimo, generando una contaminación crónica.”
LA SALUD
Sobre los impactos socio-sanitarios, señala que “en 2013, la Doctora Jacqueline Vieracsuc, del Área Programática de la Región Sur, explicó que no existen estadísticas específicas de la zona de Comodoro Rivadavia y tampoco estudios sobre la incidencia de la industria petrolera en el aumento de casos de cáncer, pero que, sin duda, la contaminación del agua es un factor a tener en cuenta.
Por su parte, el concejal del Fpv, Carlos Vargas, declaró que “Comodoro es la ciudad de mayor índice de cáncer, producto de la actividad petrolera-minera. Comodoro es consciente de que al petróleo hay que sacarlo porque el país se mueve en base al petróleo, pero no sé si se están tomando todos los recaudos necesarios como para preservar la vida de la gente”.
CONCLUSIONES
“Frente a estos datos tan variados como contundentes, ¿acaso alguien podría negar los enormes impactos sociales y la reconfiguración territorial que las actividades extractivas a gran escala (convencionales y no convencionales), producen en las sociedades locales? Desde los oficialismos y las empresas, sin embargo, los discursos afirman que la actividad hidrocarburífera y minera no compiten ni desplazan a las economías regionales pre-existentes o, en el límite, minimizan el carácter pluridimensional y la envergadura de sus impactos”.
“En suma, debemos pensar la contaminación no sólo como un proceso ambiental, sino también como algo más amplio y global, que incluye la esfera social, económica y cultural. Algo que nos interroga, sin duda, acerca de si ése es el tipo de sociedad que queremos construir para nosotros y las futuras generaciones”.
Fuente: Crónica
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