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El difícil divorcio energético de Europa con Rusia

22/10/2026 | INTERNACIONALES | Notas Destacadas | 168 lecturas | 0 Votos



La Unión Europea avanza hacia la eliminación de las importaciones de gas ruso, pero el proceso expone diferencias entre sus Estados miembros. Hungría y Eslovaquia continúan recibiendo gas ruso por gasoducto, mientras empresas de Europa Occidental mantienen contratos de suministro de GNL.




Especialistas consultados señalan que las dificultades contractuales, los costos y los intereses comerciales complican la transición, aun cuando existen alternativas de abastecimiento. Al mismo tiempo, las decisiones de Washington ponen en jaque a Bruselas.

El 3 de diciembre de 2025, la Unión Europea alcanzó un acuerdo para eliminar progresivamente las importaciones de gas ruso, medida enmarcada en el plan REPowerEU. La prohibición para los contratos de largo plazo de GNL comenzará el 1° de enero de 2027 y para los de gas por gasoducto, a más tardar, el 1° de noviembre. Aunque el bloque redujo drásticamente el peso del gas ruso en sus importaciones desde 2021 -del 40% al 6% en 2025-, la transición no ha sido completa ni homogénea entre los Estados miembros.

Según un análisis de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), mientras el noroeste de Europa e Italia prácticamente eliminaron las importaciones de gas ruso por gasoducto, varios mercados de Europa Central y Oriental, principalmente Hungría y Eslovaquia, todavía reciben parte de su suministro desde Rusia. En paralelo, las importaciones de GNL ruso aumentaron más del 40% desde 2021, con Francia, Bélgica y España a la cabeza.

La AIE destaca la necesidad de diversificar proveedores y ampliar la infraestructura para garantizar un suministro accesible en Europa Central y Oriental. Sin embargo, los expertos consultados por EconoJournal advierten que estas medidas no resuelven por sí solas los obstáculos contractuales ni los costos de abandonar el gas ruso.

“No queremos ser los primeros en dar el paso”

Tras la llegada de Péter Magyar al Parlamento en abril de este año, el nuevo gobierno húngaro busca romper con 16 años de orientación prorrusa y afianzar su relación con Europa. Por este motivo, se propone poner fin a la importación de gas ruso. La pregunta es cómo lograrlo, teniendo en cuenta que hoy, en lo que respecta al gas natural, la mayor parte del suministro proviene de dicho país.

Actualmente Hungría cuenta con un contrato de suministro a largo plazo que se extiende hasta mediados de la década de 2030.  “Esto representa aproximadamente la mitad de nuestro consumo total, y dos tercios de las importaciones -la parte mayoritaria- provienen de dicho contrato a largo plazo”, explicó a Econojournal András Deák, investigador del Instituto de Economía Mundial de la Academia Húngara de Ciencias.

Según Deák, los riesgos jurídicos relacionados con el contrato de suministro a largo plazo húngaro podrían ser un obstáculo para alcanzar los objetivos de la Unión Europea. Para el experto, un escenario ideal sería si Bulgaria “dijera adiós” al gasoducto TurkStream/Balkan Stream y dejara de llegar gas ruso por esa ruta.

“Hungría no tendría que decir que ha sido ella misma la que ha abandonado el contrato a largo plazo con Rusia, podría afirmar que Rusia ha quedado imposibilitada para realizar el suministro. No queremos ser los primeros en dar el paso, ya que el resto puede gestionarse. La cuestión clave es qué sucederá con el contrato de suministro a largo plazo”, afirmó.

Otro factor es el precio. “Si Hungría tiene que realizar la transición de forma apresurada, resultará más costosa. Si puede prepararse con normalidad, saldrá más barata”, explicó Deák. El conflicto en Medio Oriente añade presión: “El mercado internacional del gas se encuentra muy tensionado debido a la situación en torno al estrecho de Ormuz. Sin esta perturbación, el problema sería mucho menor. En un mercado más normal, los precios del gas natural podrían situarse en torno a los 20-30 €/MWh. Actualmente superan los 80 €/MWh”, afirmó durante la entrevista.

Los plazos europeos son otro punto de conflicto. El anterior gobierno de Viktor Orbán cuestionó judicialmente ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) la prohibición y sostuvo que una medida de ese tipo debía aprobarse por unanimidad. También alegó que corresponde a los Estados miembros elegir sus fuentes de energía y advirtió sobre posibles riesgos para la seguridad de suministro húngara.

Para Deák, el objetivo final podría cumplirse si se prepara la transición en lugar de dejarla para el último momento. “Por supuesto, esperar hasta 2028 o 2029 no es compatible con los requisitos actuales de la UE. Hungría sigue esperando algún tipo de aplazamiento debido a la situación en torno a Ormuz. Se están llevando a cabo preparativos para una salida, aunque con cautela, y todavía no existe una decisión política definitiva”, afirma.


Fuente: Econojournal

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