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La cuesti贸n energ茅tica

27/01/2011 | ARGENTINA | Notas Destacadas | 1493 lecturas | 810 Votos



El modelo de privatizaciones, sin modificar la regulaci贸n b谩sica del sector, constituye una notable restricci贸n para la gesti贸n estatal de una actividad estrat茅gica. Contradicciones de los cr铆ticos y debate sobre la agenda futura.




La situaci贸n energ茅tica nacional contiene una serie de particularidades que la hacen de inter茅s para especialistas del sector, pero tambi茅n para el an谩lisis pol铆tico por sus diversas implicancias. Un diagn贸stico habitual recorre un camino sesgado destinado a comentar solamente una parte de la verdad en una cuesti贸n por dem谩s compleja. La evaluaci贸n que observe solamente la administraci贸n del actual gobierno peca de parcialidad, por cuanto este sector sufri贸 una importante transformaci贸n en la gesti贸n estatal y en la configuraci贸n del negocio privado durante los a帽os `90. A partir de esa base debe buscarse el origen de los problemas y la propuesta de soluciones, puesto que de esa etapa derivaron algunas de las graves cuestiones que se enfrentan en la actualidad.


Lo que no se dice habitualmente en aquellos criterios segmentados es que la privatizaci贸n de los hidrocarburos cambi贸 totalmente los objetivos en su producci贸n y exploraci贸n, e introdujo comportamientos absolutamente lucrativos, cortoplacistas, ajenos a cualquier necesidad estrat茅gica del pa铆s. Actitud que signific贸 concretamente la escasez de gas a partir de 2004 y la disminuci贸n de sus reservas como tambi茅n las del petr贸leo. Estos recursos suponen inversiones de 5 a 10 a帽os previos a cualquier resultado. Revertir esta tendencia supone, por lo tanto, plazos no menores a los mencionados. Y la disposici贸n de instrumentos para concretar pol铆ticas en ese sentido, teniendo presente que a partir de 1994 la Constituci贸n Nacional establece el dominio originario de las provincias sobre los recursos naturales en su territorio.


Y que gran parte de las iniciativas de exploraci贸n est谩n actualmente transferidas a sus gobiernos. Sin desconocer por ello que la fijaci贸n de pol铆ticas nacionales en esta materia corresponde, tambi茅n por aquel documento, al Estado Nacional. La creaci贸n de Enarsa y sus m煤ltiples acciones en este campo no fueron suficientes, considerando la existencia de grandes empresas privadas, especialmente Repsol-YPF (pero no 煤nicamente ella), que tienen el protagonismo en el desarrollo de la industria, en sus avances y fracasos. Quiz谩 deba pensarse en otros instrumentos adicionales para fomentar la exploraci贸n y la cuantificaci贸n de reservas, sin descartar la explotaci贸n en caso necesario. Lo que no puede hacerse es desconocer los esfuerzos para revertir la tendencia de los `90, especialmente cuando la cr铆tica proviene en este campo de quienes compartieron las decisiones de entonces o adhieren silenciosamente a su ideolog铆a.


Se necesita de una fuerte pol铆tica exploratoria en hidrocarburos, pero debe pensarse en los instrumentos acordes con su actual situaci贸n jur铆dica. Frente a ello se advierte la actitud contradictoria de quienes proponen pol铆ticas activas en el sector pero rechazan cualquier intervenci贸n del Estado en las diversas soluciones que se debaten. Sobre todo, ante un empresariado reacio a realizar inversiones de riesgo que no contemplen precios de mercado internacional. En ese sentido, se escuchan argumentos vinculados al precio de los hidrocarburos en pa铆ses lim铆trofes, que presentan situaciones de oferta energ茅tica y contexto econ贸mico totalmente diferentes. O con apelaciones a los precios del mercado global, pidiendo el progresivo acercamiento a esos niveles para el mercado interno. Aparte del da帽o que ello provocar铆a a la econom铆a, no se justifica que 茅se debiera ser el precio de venta interno de los hidrocarburos, en un pa铆s que todav铆a exporta parte de la producci贸n en el caso del petr贸leo y que importa una m铆nima en el caso del gas. En todo caso, 茅se es un razonamiento propio de los intereses de las empresas productoras.


Con relaci贸n al sector el茅ctrico, las particularidades antes se帽aladas se reflejan en las diversas 谩reas del negocio en que fue dividida la actividad. La generaci贸n enfrenta, entre otros desaf铆os, la escasez de gas en el parque t茅rmico en 茅pocas puntuales, que debe ser reemplazada por gasoil m谩s caro. Esto supone subsidios que asume mayormente el Tesoro. La inversi贸n en generaci贸n que propugnaba el modelo de los 鈥90 no apareci贸 como se previ贸, debido a un serio error de dise帽o econ贸mico de aquel modelo basado en una competencia extrema, divorciada de la realidad de un negocio que requiere inversiones de largo plazo. A pesar de lo cual el esfuerzo realizado para superar todos estos escollos permite hoy una oferta de electricidad superior al consumo, tanto en potencia como en energ铆a. El transporte de electricidad ha requerido tambi茅n ingentes inversiones, que no se realizaron en los `90 por el fracaso de las previsiones del sistema ideado.


Actualmente las ejecuta el Estado con importantes avances en el cierre de los anillos que otorgan confiabilidad al sistema, y con el abastecimiento que requiere una econom铆a en crecimiento. En distribuci贸n la situaci贸n es despareja, con adecuado suministro en algunas de las provincias y con crecientes problemas en la zona metropolitana, como resultado de la ausencia de protagonismo regulatorio en los requerimientos de inversi贸n para afrontar una demanda en franco aumento, modificando as铆 un modelo solamente inclinado a penalizar fallas de calidad, que se ha demostrado insuficiente. En este 煤ltimo segmento como en la generaci贸n se ha planteado la necesidad de una adecuaci贸n de las tarifas a los usuarios, subsidiadas por el Estado en diferentes magnitudes. Tambi茅n aqu铆 se observan actitudes ambiguas, cuando no contradictorias, de quienes las se帽alan imperativamente pero se lanzan a las cr铆ticas m谩s duras cuando el Gobierno hace intentos en ese camino.


Esa necesidad de adecuaci贸n deber铆a comenzar por sectores de mayor capacidad econ贸mica: las autoridades han iniciado ese camino. Es una cuesti贸n delicada que exige pasos peque帽os y progresivos, a sabiendas que en su desarrollo es inevitable el uso pol铆tico de algunos sectores y, lamentablemente, de algunas asociaciones de usuarios. Pero 茅ste no es el 煤nico tema de la actualidad energ茅tica, ni el m谩s importante, aunque inevitable, otras cuestiones siguen siendo prioritarias. As铆, la modificaci贸n de la matriz energ茅tica con el fomento de energ铆as renovables, el desarrollo de grandes y peque帽as obras hidroel茅ctricas en marcha y la promoci贸n de nuevas centrales nucleares. Tambi茅n una renovada presencia estatal en el est铆mulo de exploraci贸n de hidrocarburos aparece como requerimientos del debate. Un estudio objetivo de este importante sector de la econom铆a supone ampliar campos limitados de investigaci贸n y examen para evitar fundamentalismos que han resultado da帽inos.

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