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07/06/2006 | Balance, perspectivas y desaf铆os en la industria petrolera | Notas Destacadas | 1477 lecturas | 608 Votos





Durante los dos últimos años, la industria de petróleo y gas ha experimentado las mejores condiciones macroeconómicas de las pasadas dos décadas. La demanda global de petróleo y gas ha crecido sostenidamente, las tasas de interés han sido bajas y los precios de hidrocarburos han alcanzado records históricos en términos nominales.
Los hechos acontecidos en esta industria en los últimos meses marcarán las tendencias globales en el mediano plazo.
Estos hechos pueden ser sintetizados en los siguientes factores:

       • Demanda: Según la Agencia Internacional de Energía, la demanda mundial de energía crecerá a un ritmo cercano al 2% anual hasta el año 2030. los países en vías de desarrollo, y entre ellos principalmente los países asiáticos, se estima que contribuirán en más del 50% del crecimiento de la demanda anual.



       • Recursos: Los combustibles fósiles seguirán predominando y se espera que cubran más del 90% del incremento de la demanda global de energía hasta el año 2030, ya que existen suficientes reservas probadas de petróleo y gas para satisfacer la demanda. La mayor fuente de energía seguirá siendo el petróleo que alcanzará un nivel de producción de 120 millones de barriles día en el año 2030. otras fuentes de energía alternativa (solar, biocombustibles, nuclear, eólica, hidrógeno, etc.) se irán desarrollando pero a partir de una base pequeña, y no desplazarán a los combustibles fósiles en ese periodo. 


       • Concentración y Seguridad de la Oferta: Es sabido que la mayor cantidad de reservas de petróleo y gas se concentran en zonas con inestabilidad política, social, jurídica y económica o con firmes políticas proteccionistas, como Medio Oriente, Rusia, África, Venezuela y México, entre otros. También es sabido que aproximadamente el 60% de la producción de petróleo de las 20 compañías petroleras más grandes del mundo, proviene en la actualidad de compañías estatales, en asociación algunas con compañías privadas. Y también es sabido que la curva de declinación de producción de hidrocarburos líquidos en los países desarrollados provocará que la cuota de producción de los países de la OPEP pase del 38% en la actualidad a aproximadamente el 50% en el año 2030. En resumen, las diferentes regiones del mundo serán cada vez más dependientes las unas de las otras, debido a que los grandes países consumidores de energía, necesitan cantidades crecientes de inversiones extranjeras y tecnología para desarrollar más reservas. 


       • Precios: Aunque los picos de precios del petróleo superaron los US$ 50 el barril, y parte de esos picos se deben a factores especulativos, algunos analistas internacionales pronostican que los precios futuros estarán en una banda cuyo piso será los US$ 35 el barril (fuente: Deloitte Oil & Gas Conference, Houston, 17/11/04). Las razones las encontramos en ciertos hechos que se pusieron de manifiesto en el año 2004, que mantendrán los precios del petróleo en valores superiores a la media histórica en el mediano plazo, como: la brecha, que debe cubrirse cada año, entre incremento de demanda y producción de petróleo, que se estima actualmente en 6 millones de barriles día (2 millones equivalentes al incremento de la demanda estimada anual de petróleo y 4 millones de declinación de la producción global anual), y también los riesgos de acceso a reservas e interrupción de producción en zonas de alta inestabilidad como se mencionó previamente. Si este escenario de precios se mantiene en los próximos años, los avances en tecnología provocarán más actividad de exploración y producción en zonas remotas y en zonas que con anterioridad eran consideradas antieconómicas, como zonas con reservas de petróleo extrapesado, de petróleo con arena y en aguas ultra profundas. 


En el plano nacional, las medidas adoptadas para superar la crisis económica iniciada a fines del año 2001 han generado incertidumbre y la demora de inversiones en esta industria por varios motivos: la imposición de altas retenciones a las exportaciones de petróleo, la dificultad para incrementar los precios de productos refinados en las redes de estaciones, el congelamiento del precio del gas, la contracción de la demanda de naftas por la sustitución con gas natural comprimido y la falta de incentivos a la exploración, entre otras. Las consecuencias de estos factores han sido el estancamiento de la producción de petróleo, el incremento de la producción de gas por la distorsión de precios relativos, las restricciones en la capacidad de transporte de gas y lo más importante, la caída del horizonte de reservas de petróleo y gas a aproximadamente 10/12 años por la existencia de índices de reemplazo de reservas muy bajos en estos años. Hoy, otras regiones en el mundo son más atractivas para la inversión petrolera y para maximizar el retorno de los accionistas. Argentina es, aún, un país exportador neto de hidrocarburos. Si las tendencias actuales de declinación de reservas no se revierten, Argentina en el mediano plazo deberá importar hidrocarburos para abastecer a sus refinerías de petróleo y también satisfacer la demanda local de gas natural. Y la sustitución de producción nacional de hidrocarburos por importaciones también disminuirá las recaudaciones de varios impuestos nacionales y provinciales, con el consecuente impacto en las respectivas partidas presupuestarias. Argentina deberá reevaluar su plan estratégico en políticas energéticas para no afectar la disponibilidad de recursos y aprovechar la coyuntura favorable internacional en el mediano plazo, recreando nuevamente un régimen atractivo para la inversión intensiva en tecnología y capital, en la exploración y el desarrollo de las reservas de hidrocarburos.  


Fuente: 2001

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