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Petr贸leo: m谩s precio y menos producci贸n

18/07/2008 | ARGENTINA | Notas Destacadas | 3597 lecturas | 740 Votos




Los barriles de 42 dólares que se producen en el país empiezan a escasear. La producción declina cada año.


El precio del petróleo en el mundo sigue para arriba y la producción petrolera argentina sigue para abajo. Es cierto que explotamos yacimientos maduros con productividad decreciente, pero también es cierto que casi no se explora para encontrar petróleo nuevo.





La paradoja es consecuencia del sistema absurdo de retenciones y señales de precios que rigen el negocio petrolero argentino. Si como nos advierten algunos analistas del mercado, la cotización del crudo alcanzara los 200 dólares por barril, un productor petrolero argentino se agarraría la cabeza pensando en el perjuicio que esto implica para su negocio, sobretodo si todavía exporta algo. Así funciona la lógica de este negocio en un país que parecería estar peleado con la ley de la oferta y la demanda.


Números gruesos:


Pongámosle números gruesos. Si el barril se exporta a un precio de 200 dólares, el Estado nacional se apropia de 158 dólares por retenciones (el precio tope del barril argentino es de 42 dólares para el crudo pesado) y hay que pagar regalías al Estado provincial por 24 dólares (12% sobre el precio internacional).


Quedan 18 dólares para que el productor haga frente al resto de los costos e impuestos. La curva de costos de explotación es más alta para aquellos yacimientos de más baja productividad, por lo que las producciones marginales son las primeras que quedan fuera del negocio. Por reducción al absurdo, desafío al lector a hacer el cálculo para un barril hipotético que cotice 300 dólares, y verá que todo es peor para el que lo produce en la Argentina.


El productor petrolero puede vender e l barril al mercado doméstico con destino a la refinación y obtención de productos derivados (nafta, gasoil, fuel, otros). Sobre el barril de 200 dólares, por efecto de las retenciones, también recibe 42 dólares; pero paga retenciones sobre este precio de mercado interno (12% de 42). Le quedan 37 dólares, un poco más que con el barril destinado al mercado externo, pero tiene que hacer frente a costos crecientes que evolucionan con la inflación doméstica e internacional con un precio techo.


A menos que haya trocado su racionalidad económica por la del apotegma revolucionario del "tanto peor, tanto mejor", este productor local tratará de sobreexplotar lo más rentable que le queda en el país (poner varias bombillas en el mismo mate) y repondrá reservas en otras latitudes, minimizando el riesgo exploratorio argentino. Cualquier parecido con lo que sucede hoy no es pura coincidencia.


¿Y los 158 dólares que sobre el hipotético barril exportado se llevaba el Estado nacional? Como el barril tiene destino interno, el Estado nacional no los cobra, pero se los termina apropiando el consumidor argentino que paga precio de combustibles divorciados del mercado internacional. ¿Acaso no está bien, no es una política redistributiva? Si de redistribución se trata, aquella que viene enancada en subsidios a los precios de los combustibles y la energía es la menos progresiva de todas. Cuando se hagan bien los cálculos caeremos en cuenta de que con los subsidios energéticos se beneficiaron más los ricos que los pobres.


Futuro de subsidio:


Pero el problema es más serio porque no somos Arabia Saudita ni Venezuela en materia petrolera. Argentina es un país con petróleo, pero no petrolero. Los barriles de 42 dólares que producimos en la Argentina empiezan a escasear (ver cuadro adjunto). La producción declina cada año. Con la capacidad de refinación saturada y una demanda de productos que no cesa de crecer (la ley de la demanda funciona) importamos cada vez más barriles de gasoil y de fuel oil (a este ritmo pronto importaremos naftas) a precios atados al barril de petróleo internacional que hoy cotiza por encima de los 140 dólares.


Cuando el barril se produce afuera y se importa, la renta de ese barril también se genera afuera y se la apropian compañías petroleras o Estados extranjeros. Sin renta del barril producido localmente para repartir, se acaban las retenciones o derechos de exportación, caen las regalías provinciales, y no es posible beneficiar a los consumidores con subsidios implícitos.


O se ajustan los precios internos a la referencia internacional o algún nuevo subsidio público explícito (financiado con impuesto de los argentinos) deberá afrontar la diferencia.
El problema es que los subsidios energéticos han crecido exponencialmente y empiezan a amenazar la solvencia fiscal. Tampoco es sencillo reacomodar precios y tarifas energéticas trasladando todos los costos políticos que se evitaron antes a la presente administración. Pero mientras en el mundo la cotización del barril no deja de establecer nuevos récords, el espejismo del petróleo barato de producción nacional empieza a diluirse.


O rogamos que el petróleo no siga subiendo como hacen los uruguayos o los chilenos que tienen que importarlo casi todo y por ello no pudieron ignorar las referencias internacionales, o empezamos a guiarnos por el ejemplo de Brasil, que de país con petróleo va camino a transformarse en país petrolero. La Argentina tiene potencial exploratorio y me resisto a creer que ya nada importante queda por descubrir. Hay mucho por explorar en tierra y mucho por explorar en el mar. El barril de más de 140 dólares es una poderosa señal para hacerlo.


Pero hay que cambiar la política del "pan para hoy y hambre para mañana" que entrampó a la industria petrolera en el corto plazo. No es conveniente avanzar en las prórrogas contractuales sin despejar antes el escenario de incertidumbre que domina la actividad y los precios. Es necesaria una nueva convocatoria a explorar bajo la certeza que ya no habrá retenciones para el petróleo y el gas nuevo. En síntesis: estrategia de largo plazo, reglas que despejen la incertidumbre y señales de precios que no confronten la ley de gravedad económica.



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