La crisis energética, la inflación y los casos de equivocada gestión oficial más los que están ya en manos de la Justicia son tres variables que hoy condicionan la economía y el momento político.
Con empresas que no pueden producir porque no reciben la energía necesaria la economía irá desacelerándose por el lado de la oferta, complicando aún más el costado sensible de los precios. Hoy por hoy la inflación no se produce por la demanda, como venía sucediendo hasta hace un tiempo sino por una oferta que no responde a las necesidades del consumo y la inversión. 
Con una inflación creciente, sola estadísticamente reprimida, la crisis energética multiplica los costos de los insumos tal como se fue evidenciando en el caso de la harina o de los productos químicos. En una semana el precio del pan se triplicó.
Mientras esto sucede, a la ministra de Economía Felisa Miceli la envuelve el escándalo de las peripecias de la bolsa con elevado monto de dinero olvidada a pasos de su despacho, eso que se ha dado en llamar el "toilete-gate". Debería estar concentrada en hacer frente a los significativos cuellos de botella que enfrenta el país. Pero, pese al respaldo del jefe del Estado, el trabajo operativo en el Palacio de Hacienda está prácticamente paralizado. No hay ni tranquilidad frente a las presiones que llegan del exterior ni entusiasmo por parte de los funcionarios.
Irónicamente, la única medida que se conoció en esos días, desde el Ministerio de Economía fue el desplazamiento de técnicos del INDEC, intervenido desde enero pasado, en una acción que agrava la credibilidad del organismo que ya pareciera que no tiene retorno. No faltan opiniones de los expertos considerando que la única alternativa posible para generar expectativas confiables de indicadores decisivos para la vida productiva, laboral y financiera es crear un nuevo organismo, fundar otra entidad que nada tenga que ver con el INDEC, con la colaboración de los mejores especialistas del país y del extranjero y sin desprenderse de los profesionales del Instituto.
El presidente Néstor Kirchner dijo que "hay un lobby que hacen las empresas del sector para decir que es necesario subir la tarifa para que haya más gas". Evidentemente, el objetivo de las empresas de esa área de la energía es maximizar sus beneficios. Eso no puede ser objetado porque forma parte esencial de la dinámica del sistema.
Es posible que las crisis sean una oportunidad para conseguir aumentos. Pero también es cierto que las empresas vienen reclamando retoques tarifarios desde hace años y que reconocen, por esa cuestión, falta de inversiones. También saben en el sector privado que en estos meses, previos a decisivas elecciones presidenciales, el Poder Ejecutivo no moverá las piezas para evitar protestas por la suba en los servicios.
Lo cierto es que las reservas energéticas se están agotando, la producción global ha perdido fuerza, no se efectuaron las inversiones que requiere un país en crecimiento, no avanzan las nuevas fuentes de provisión, hay que comprar energía de los países vecinos, a precios caros.
Falta electricidad por los requerimientos que impone el frío intenso, porque las represas hidroeléctricas están con poca agua. Falta gasoil porque no se ampliaron las destilerías, la usina núcleo eléctrica de Atucha no está terminada, se conocen proyectos de nuevas centrales pero para los años que vienen y a las multinacionales les conviene más extraer petróleo y gas de otros yacimientos en otros países.
Daniel Muchnik dmuchnik@clarin.com
Fuente: Clar铆n
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