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Petróleo: la desaparición de los dinosaurios

10/05/2010 | INTERNACIONAL | Notas Destacadas | 3804 lecturas | 982 Votos



Originalmente, en Estados Unidos la definición de “giant oil field” se reservaba a los yacimientos con más de 1.000 millones de barriles.




Esto se debía a que, en ocasiones, cuando los campos se encontraban en países lejanos, magnitudes menores no se consideraban suficientes para iniciar su desarrollo, por estar lejos de los mercados o por factores políticos locales. Sin embargo, a través del tiempo, a nivel internacional se fue arribando a un consenso sobre el límite de los 500 millones de barriles y a los que superan los 1.000 millones se los denomina ahora “súper campos gigantes” (“super giant oil fields”). Según estadísticas recopiladas por Fredrik Robelius, de la universidad de UPPSALA, existen en la actualidad unos 42.000 campos petroleros en todo el mundo, de los cuales sólo 507 pueden considerarse “campos gigantes”.


Es decir, sólo el 1% del total. Estas cifras, actualizadas al 2005, señalan además que unos 100 yacimientos son “offshore” y, de ellos, entre 27 y 30, son de aguas profundas. Paralelamente, hasta el 2012 se desarrollarán otros 17 grandes yacimientos (10 de ellos en aguas profundas), mientras se conocerán los resultados de evaluaciones en otros 50 descubrimientos. Algunos de ellos podrían quedar dentro de la categoría de los “campos gigantes”. En 2005, los campos gigantes participaron con el 60% de la producción mundial de petróleo y el 65% de las reservas totales.


Pero sólo 100 de ellos produjeron, en conjunto, 32 millones de barriles diarios, un 45% del consumo mundial de ese año, que alcanzó los 72 millones de barriles por día. (Actualmente el consumo aumentó hasta unos 82 Mbpd). Y existe un caso significativo: el campo Ghawar, el más grande del mundo, descubierto en 1948, representó a lo largo de su larga historia productiva casi el 90% de la producción total de petróleo de Arabia Saudita. Sin embargo, podría decirse que estos verdaderos “dinosaurios” del petróleo, también parecen destinados a desaparecer. La mayoría de ellos tiene más de 50 años en producción y la tendencia muestra menor cantidad de descubrimientos de este tipo de grandes yacimientos y con menores volúmenes de reservas.


Aunque en la actualidad siguen tirando del carro de la producción mundial, se han utilizado modelos basados en la producción anual pasada y las reservas remanentes, incluyendo variables como los petróleos no convencionales o el alojado en arenas compactas, para pronosticar el comportamiento de estos yacimientos. En todos los escenarios el “peak oil” global ocurre prácticamente, al mismo tiempo que el máximo punto de producción de los campos gigantes. En el peor caso, se ubica al pico de producción en el 2008 y, en el mejor, con un crecimiento anual de la demanda del orden del 1,4 por ciento, en el 2018.


DÓNDE ESTÁN


A nivel individual, los dos países con mayor cantidad de campos gigantes son Rusia y Estados Unidos (incluyendo a Alaska), el primero con 70 de los 507 existentes y el segundo con 53. En conjunto representan el 24,2% del total. En el Medio Oriente (repartidos en los varios países productores de esa región, todos incluidos en la OPEP), hay 144 (28%), cifra que sube a 232, si se contabiliza a los países que también pertenecen a la OPEP pero están fuera del Golfo Pérsico. De los primeros 20 campos más grandes, sólo cinco son “extra Golfo Pérsico”: Bolívar (Venezuela), Cantarell (México), Sanotlar (Rusia), Romashkino (Rusia) y Daqing (China). El campo más grande del Mar del Norte es Norway Statfjord, que tiene 3,6 mil millones de barriles de reservas remanentes. Aún así, es un campo “pequeño” en comparación con algunos monstruos del área del Golfo Pérsico.


Si un campo con 500 millones de barriles de reservas se considera “gigante”, qué se podría decir del más espectacular de todos: Ghawar (Arabia Saudita), cuyas reservas se estiman entre 66 mil y 150 mil millones de barriles. Descubierto en 1948 y puesto en producción en 1951, este campo alcanzó su máxima producción en 1980, con 5,6 millones de barriles diarios. A partir de 1991, su producción se estabilizó en unos 5 Mbpd hasta 2005. De Ghawar se extrajeron, hasta finales de ese año, más de 60 mil millones de barriles, una cifra superior a la totalidad de los yacimientos del Mar del Norte (43 mil millones). La diferencia es que, mientras Ghawar parece estar en una fase de estabilización, los yacimientos del Mar del Norte están en franca declinación.


Sin embargo, Simmons ha advertido que Ghawar está ya depletado (ha perdido su presión) y que pronto entrará también en declinación. Después de Ghawar, el segundo yacimiento más grande del mundo es Greater Burgan (Kuwait). También éste tiene un historial productivo impresionante, con un pico de 2.4 Mbpd en 1973. Este récord podría haber sido superior, de no haber mediado presiones de la OPEP para disminuir la producción. Greater Burgan fue descubierto en 1936 y puesto en producción en 1946 y, a la fecha, sus reservas serían de 43 mil millones de barriles, según un documento interno de la Kuwait Oil Company, en lugar de los 60 mil millones que citaban otras fuentes.


¿YA NO HABRÁ GIGANTES?


Al observar el año del descubrimiento de los grandes yacimientos (y en consecuencia, su edad) aparece un dato interesante: todos son viejos. La mitad tiene más de 50 años. Esto indica una tendencia que sugiere que los grandes descubrimientos son cosa del pasado. De hecho, la década del sesenta fue la más prolífica, pero desde entonces ha habido una tendencia declinante, tanto en la cantidad de campos gigantes como en el volumen de sus reservas. El promedio de las reservas de los descubrimientos de grandes campos realizados en la década del 60 fue de 4,4 mil millones de barriles mientras que, en la década siguiente, este promedio fue de 1,9 mil millones.


Siguió bajando en los años ochenta a 1,3 mil millones de barriles, y aún más en la de los noventa, cuando se ubicó en 1,2 mil millones, en este caso debido principalmente al descubrimiento del campo Kashagan (Kazakstan), que arrojó reservas por 13 mil millones de barriles. Debe aclararse, no obstante, que esta formación productiva fue descubierta durante la Rusia soviética, y las compañías debieron esperar varios años para obtener los permisos para hacer más perforaciones. Entre el año 2000 y el 2006 hubo 14 descubrimientos de campos gigantes, entre ellos en Brasil y el Mar Caspio.


Pero de ellos, 10 tienen reservas por debajo de los mil millones de barriles. Tres entre 1,1 y 1,5 mil millones, mientras que el restante supera los 10.000 millones de barriles. La tendencia a una menor cantidad de descubrimientos es, por lo tanto, bastante consistente. Ahora debería verse qué implica eso para el futuro abastecimiento de petróleo a nivel mundial. En primer lugar, debe destacarse la importancia de la habilidad de estos grandes yacimientos de mantener altas tasas de producción durante largo tiempo. Aunque la participación de los yacimientos más pequeños y de países “extra OPEP” ha venido aumentando en los últimos años, estos reservorios también declinan más rápidamente, obligando a la utilización de métodos de asistencia y luego a la búsqueda de otros campos. Desde el punto de vista económico, éste es un factor de suma importancia. Una comparación interesante entre un campo gigante y otro “convencional” puede encontrarse en Noruega, entre los yacimientos Gyda y Statfjord.


El primero tiene reservas por 210 millones de barriles y una producción de 50.000 barriles diarios, mientras las reservas del segundo alcanzan los 3.600 millones de barriles y su producción diaria el medio millón de barriles. Y ambos están relativamente cerca uno del otro. Simmons hace notar, por su parte, que desde 1930 hasta 2005 sólo 21 campos gigantes han tenido una producción superior a los 100.000 barriles diarios y que mientras hace 20 años había 15 cuya producción superaba el millón de barriles, ahora sólo quedan cuatro: Ghawar (Arabia Saudita); Kirkuk (Iraq); Burgan Greater (Kuwait) y Cantarell (México).


¿SE LOS PUEDE REEMPLAZAR?


La importancia de los campos gigantes resulta evidente ante las perspectivas futuras. Entre 1994 y el 2006, el aumento de la demanda mundial de petróleo fue del 1,74% anual, según la Agencia Internacional de Energía. Hasta el 2030, ese organismo y otros, como la Agencia de Información de la Energía, de Estados Unidos, pronostican un crecimiento de entre 1,4% y 2% anual. Al mismo tiempo, la madurez de los yacimientos sugiere una declinación anual de entre 3% y 8% en su producción. Ese es el gran desafío de los próximos años, porque ambas tendencias pronostican que habrá un hueco creciente entre la oferta y la demanda. ¿Qué debería pasar?


Los nuevos yacimientos deberían, en primer lugar, reemplazar la producción perdida por la declinación de los campos “viejos” y, en segundo lugar, deberán aumentar aún más su producción para atender a la demanda adicional. Todo eso en un escenario donde los países exportadores sufrirán también la presión del crecimiento de sus propias demandas. Como ejemplo, se puede mencionar lo sucedido con China e India, que pasaron a constituirse en grandes consumidores en menos de una década. China era neto exportador y ahora es neto importador, e India también. Ninguno de los dos países ha informado de descubrimientos importantes en los últimos años, mientras que Estados Unidos y Europa (las otras dos regiones más consumidoras) producen cada vez menos.


Las claves para intentar achicar esta brecha entre el consumo y la oferta, parecen ser unas pocas: a) los yacimientos offshore; b) el petróleo alojado en arenas compactas; c) el petróleo no convencional o extra pesado; y d), la posibilidad de que Kuwait aumente su producción. En los últimos años, los impresionantes adelantos tecnológicos permitieron una verdadera escalada hacia el mar. Actualmente, 100 de los campos más productivos son offshore y, de ellos, entre 27 y 30 se explotan en aguas profundas. En realidad, el primer pozo considerado “de aguas profundas” fue perforado en el Golfo de México (USA) en 1975, a más de 200 metros. Actualmente, la mayor cantidad de yacimientos de esta naturaleza se encuentran en tres regiones: Brasil, el Golfo de México y la costa oeste de África.


A 2005, las reservas acumuladas por descubrimientos en esas regiones alcanzaron los 48 mil millones de barriles. Sólo entre 1989 y 1996, Petrobras (Brasil) descubrió cinco grandes yacimientos en aguas profundas, con un total de 12,7 mil millones de barriles. La “revolución tecnológica” en la exploración offshore se produjo en la década de los ochenta, con impresionantes avances en la sísmica, que redujo notoriamente los riesgos exploratorios. Hasta 1985, el promedio de perforaciones exitosas era de un 10%, mientras que, desde ese año, pasó al 30%. Luego siguió aumentando, incluso hasta alcanzar el 50% en la costa oeste sudafricana. La tarea difícil es, ahora, intentar determinar cuál será la verdadera producción petrolera para los próximos años, y si, obre la producción, cuando ésta depende –como en el futuro a mediano plazo- de que haya nuevos descubrimientos, nuevas tecnologías, precios adecuados, sin mencionar otros factores aún más imponderables.


Como se dijo antes, ésta permitirá cubrir la brecha con la demanda. Lamentablemente, parecen más consistentes siempre las previsiones sobre el consumo que sobre la producción, cuando ésta depende –como en el futuro a mediano plazo- de que haya nuevos descubrimientos, nuevas tecnologías, precios adecuados, sin mencionar otros factores aún más imponderables. Robelius intentó una aproximación a esta cuestión corriendo un modelo de pronóstico, en el que incluyó prácticamente todas las variables posibles, desde la histórica de producción y reservas, hasta los pronósticos de producción de los proyectos de aguas profundas conocidos. También la participación que tendrían los petróleos pesados (especialmente los de la Cuenca del Orinoco), el GNL y las arenas bituminosas. Partió de una producción total de 82,1 millones de barriles diarios en 2005, de los cuales 70,3 millones eran petróleo crudo.


Imaginó, a su vez, cuatro escenarios aplicados a cada uno de los mega yacimientos. El mejor escenario asumió, por ejemplo, que Ghawar tiene, efectivamente, 150 mil millones de barriles de reservas, y que Iraq iniciará la movilización de todo su potencial petrolero a partir del 2008. Para este caso, asumió un promedio de declinación de los demás campos gigantes de sólo el 1.5% anual. Quizás el resultado más significativo que obtuvo es que los “grandes mega yacimientos” ya alcanzaron su pico de producción en 2006, con aproximadamente 40 millones de barriles diarios, y comenzarían a declinar (luego de un período de meseta) en 2012. Señala que, a pesar de que la incidencia de la evolución esperada de las explotaciones en aguas profundas, así como los petróleos pesados y el GNL serán importantes en el mediano plazo, seguirán siendo los 333 mega yacimientos incluidos en su análisis los que dominen la producción mundial.


Cuando éstos comiencen a declinar notoriamente, también disminuirá la producción de líquidos casi al mismo tiempo o poco después, indica Robelius. Finalmente, dice que, en el peor de los escenarios analizados, el pico de producción ocurrirá este año, 2008, con una producción de aproximadamente 83 millones de barriles diarios, mientras que, en el mejor caso, eso tendrá lugar en 2013, cuando se alcanzaría una producción diaria de 94 millones. Advierte que entre ambos escenarios, la diferencia de tiempo para el pico de producción es de sólo cinco años, aunque la diferencia de producción sería de 11 millones de barriles.

Fuente: MIGUEL A. TOLEDO - Editor Energía del Sur

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