
Es la tierra famosa por el oro negro. Allí se explotó el primer pozo de petróleo en el Ecuador. Y además de ese lugar es oriundo Alberto Spencer Herrera, el “negro de oro”, el cabeza mágica que hizo trascender a este poblado a todo el mundo, a través del fútbol. Ancón sigue de fiesta.
El fin de semana, al cumplirse los 100 años de la explotación del primer pozo petrolero del Ecuador (5 de noviembre de 1911), fue declarado como Patrimonio Cultural.
Este pequeño poblado de 6 300 habitantes pertenece al cantón Santa Elena, provincia del mismo nombre. Allí se vive un ambiente festivo. Desde la semana anterior han llegado decenas de funcionarios y centenares de turistas. Y también llegaron ofrecimientos. 16 suman los distintos compromisos hechos en los actos organizados por el Ministerio Coordinador de Patrimonio. Entre estos, el fomento turístico, la protección de los bienes patrimoniales, capacitación comunitaria, mejoramiento de infraestructura en varios campos, vías, vivienda…
“Es apenas el primer escalón. Es un proceso largo. No sólo queremos que reconstruyan nuestras edificaciones históricas. También queremos ser reconocidos turísticamente en el mundo como el lugar donde se explotó el primer pozo petrolero en el Ecuador. Esperemos que a Ancón se la atienda como se lo merece”, comentó Martha Pilco, presidenta de la Junta Parroquial de Ancón. Es el anhelo que comparte Pedro Muñoz Espinoza, quien llegó a estas tierras, desde su natal Zaruma (El Oro) hace 63 años.
“Antes la empresa (Anglo Ecuadorian Oilfields) le daba todo al Municipio, rentas y material. Ahora en cambio necesitamos del Municipio de Santa Elena, que nuestras rentas se queden aquí, que nos hagan las obras que se necesitan”, contó en su casa, en el barrio Bellavista, cerca de la iglesia San José de Ancón. Esta apacible parroquia derrocha un ambiente de paz. La brisa del mar es transportada a través del viento que hace agradable el clima pese al sol inclemente.
Recorrer sus calles, en su mayoría de asfalto, es transitar por 100 años de historia. Por todos lados está la huella que dejaron los ingleses cuando se instalaron allí para la explotación petrolera. Uno de los sitios tradicionales que escribió su propia historia es el club Andes. Fue fundado el 19 de Mayo de 1928 por ciudadanos originarios de Riobamba, quienes fueron los primeros “foráneos” del país que llegaron a laborar con los ingleses. Arribaron por la facilidad que brindaba el tren. Rubén Pezo es vicepresidente del club y vocal de la Junta Parroquial. Desde la vetusta estructura de madera y cemento que aún mantiene elementos de sus orígenes, dijo con orgullo que “Ancón fue la primera ciudad en Ecuador en tener luz eléctrica, en 1927, y una planta de agua.
Además tuvimos el primer centro comercial al que los ingleses llamaban el “mall” y que aún se mantiene en pie”. Pilco recuerda que su papá fue uno de los migrantes que arribó desde Chimborazo. “Llegó de 18 años de edad. Todos nosotros (11 hermanos) nacimos acá”. En esa época, dijo, había una marcada marginación. Era prohibido que los ecuatorianos ocuparan espacios de los ingleses. Muñoz, cuyo hijo Pedro Mauricio Muñoz -seleccionado nacional y futbolista profesional- surgió de la polvorienta cancha del club Andes, explicó que cada segmento tenía sus espacios.
“El club Ancón era exclusivo de los ingleses, el Nacional era para los costeños, el Andes formado por la colonia riobambeña, el Unión que era para trabajadores de la clases B, es decir los oficinistas. Es más, hacia el campamento de los ingleses y al barrio Inglés no podían pasar los “criollos” porque había guardias que lo prohibían”, comentó quien, como mecánico, trabajó en los talleres. Sin embargo, destaca que en esa época la empresa les daba alojamiento en canchones a los solteros y habitaciones a los casados. “Teníamos agua, luz, teléfono, gas gratis; había un comisariato con víveres baratos; para Navidad comprábamos a precios bajos productos ingleses como jabones, lociones, vajilla, ropa. Todo lo que tenía la empresa era importado”. Desde 1976, que la concesión del petróleo se revirtió al Estado, Ancón empezó a escribir su propia historia y a labrar su futuro.
Fuente: El Comercio
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