
Desde el aire, dicen, los serpenteantes cerros del sur de Chubut se parecen a un dragón. Pero ese ser de la mitología china abriga en sus entrañas un producto bien patagónico: de allí sale el 16% de los hidrocarburos que se producen en el país. En momentos en que la extracción de combustibles fósiles viene en declive, el yacimiento Cerro Dragón –operado por la firma Pan American Energy (PAE)– ostenta el primer lugar en casi todos los rankings del sector en la Argentina. Es el campo que más petróleo genera, el de mayor cantidad de pozos activos y el único que ha mantenido un crecimiento sostenido a lo largo de la última década. Con sus 3.400 kilómetros cuadrados, también está entre los más grandes, con una superficie en la que entrarían 80 ciudades como Neuquén.
Posee además una joya dentro de la industria: un sistema de generación y distribución de energía propio que le permitiría abastecer a una localidad del tamaño de Bahía Blanca. "Río Negro Energía" viajó al corazón del yacimiento más grande del Golfo San Jorge para conocer cómo en poco más de una década se logró convertir un territorio maduro y desgastado, con 50 años de explotación, en el mayor proveedor de petróleo de la Nación.
Cerro Dragón fue una de las áreas concesionadas durante la gestión de Arturo Frondizi. Hasta 1997, con altibajos y con la desaparición de YPF como rector del sistema energético de por medio, estuvo bajo control de la estadounidense Amoco. Ese año el grupo Bridas, de los hermanos Carlos y Alejandro Bulgheroni, entró en escena y se quedó con el 40% de la compañía. Fue el surgimiento de PAE. Dos años más tarde British Petroleum (ahora BP) se quedó con el 60% restante. En el 2010 hicieron su incursión los chinos de Cnooc, que compraron la mitad del paquete de los empresarios nacionales.
Sin embargo, pese a esta compleja ingeniería accionaria el management de la firma sigue en manos de Bridas, cuyos dueños son, según el ranking 2013 de la revista "Forbes", los argentinos más ricos del mundo. "La filosofía fue siempre invertir y arriesgar, acompañando las necesidades del país", destacó Guillermo Baistrocchi, VP de Relaciones Institucionales de PAE.
Consultado por este medio, señaló que el secreto número uno para explicar por qué su producción de petróleo aumentó un 31% en la última década es que se volcaron 8.500 millones de dólares, una cifra que, según él, no tiene parangón en la industria. Este año PAE estima inyectar otros 940 millones sólo en Cerro Dragón. En Neuquén también pondrá 154 millones para explorar formaciones de shale y tight gas en Lindero Atravesado, una zona que opera al sur del lago Mari Menuco.
EL RESURGIR DEL DRAGÓN
Pero no sólo en el dinero parece estar la respuesta. Cuando el petróleo comenzó a acabarse PAE tomó dos caminos que hoy se complementan. Por un lado, desarrolló modernas técnicas de recuperación secundaria, que no es otra cosa que aumentar la presión de los pozos con agua. Por el otro, comenzó a explotar y vender gas, un producto que antes se consideraba residual pero en los últimos años encontró un mercado sólido y le reportó importantes ganancias a la empresa.
"El 93% de lo que sacamos de abajo de la tierra es agua", afirmó Rodrigo Dalle Fiore, gerente de Operaciones. Por eso, aseguró, "el manejo del recurso es clave para nosotros". Además sostuvo que, "la característica diferencial es el desarrollo de un modo de recuperación secundaria a través de la inyección selectiva, que yo calificaría de revolucionario". Explicó que de esta forma pueden elegir qué cantidad de agua y a qué presión inyectar en cada capa del pozo, a través de un sistema de taponamientos y bombas.
Señaló que para el proceso no se utiliza agua dulce sino que se recicla el mismo recurso que sale de formaciones productivas. Para ello se diseñó un complejo sistema de tratamiento y bombeo que hace circular de forma permanente unos 157 millones de litros a través de 572 pozos inyectores. El agua genera presión sobre la formación y hace surgir el petróleo. Luego hay que separarlo y tratarlo para su venta. El 60% del oro negro de Cerro Dragón sale de las profundidades de la tierra por esa vía.
Los descubrimientos de nuevas reservas de gas, sumados al armado de un negocio para comercializarlo, convirtieron a Cerro Dragón en uno de los pocos yacimientos del Golfo San Jorge donde el fluido pisa fuerte. Buena parte del hidrocarburo proviene de arenas compactas, donde PAE practica desde hace muchos años algunas versiones de fractura hidráulica para estimular las formaciones.
"Históricamente la cuenca no era productora de gas, sino petrolífera. Es más, el gas era una molestia, no se lo producía", explicó Dalle Fiore. "El hecho de captar el gas y venderlo desafió los límites de lo que hasta ahí era el negocio", señaló. La producción total de PAE creció un 88% en la última década, una cifra difícil de encontrar, por ejemplo, en cualquier yacimiento neuquino.
De la mano de las nuevas reservas se montaron cuatro plantas de tratamiento y compresión para poder inyectar directamente desde el yacimiento a los gasoductos Cordillerano y San Martín. Otro rasgo distintivo de Cerro Dragón es que casi la totalidad de los cerca de 2.929 pozos activos está automatizada. Todo el proceso, desde el bombeo y la extracción hasta la separación y la puesta en condiciones del hidrocarburo para su venta, puede seguirse desde una computadora en una sala de control.
"Esto permite mejorar la productividad del pozo: cuando hay un incidente o se para alguna máquina rápidamente puede solucionarse. Y a su vez se pueden calcular con precisión las pérdidas", señaló Dalle Fiore. Este sistema también consigue paralizar de forma inmediata cualquier operación que esté generando un incidente ambiental.
El último de los secretos de Cerro Dragón no tiene que ver ni con el dinero invertido ni con las técnicas aplicadas, sino con la rentabilidad y las condiciones del negocio. La primera la garantizaron los mejores precios internacionales. La segunda, la renegociación con diez años de anticipación que encaró la provincia de Chubut en el 2007, mediante la cual extendió hasta el 2027 la concesión pero le dejó a la firma la llave para seguir operando hasta el 2047 asociada a la estatal Fomicruz.
CON ENERGÍA PROPIA
Parece un eslogan, pero en el caso de Cerro Dragón es una realidad: la firma consiguió el autoabastecimiento energético a partir de la construcción de dos usinas térmicas a gas que generan 270 MW de potencia. Con esa capacidad instalada podría abastecerse a las ciudades de Neuquén y Plottier juntas. Las plantas funcionan con el gas que sale del propio yacimiento. De los 8,3 millones de metros cúbicos diarios que se producen, 1,4 se destinan a la generación.
Al desarrollo de ingeniería lo acompaña una curiosa forma de administrar y distribuir el recurso. PAE creó una gerencia general de servicio que funciona a modo de proveedora. Es una suerte de CALF o Edersa, con las mismas atribuciones y recursos, que además toma a los destinatarios de la electricidad como clientes. Así, conduce la energía por casi 3.300 kilómetros de líneas de alta, media y baja tensión hacia los distintos distritos en los que se divide el yacimiento. Cuando sus "clientes" se quejan, envía cuadrillas a arreglar el problema. Tiene una tecnología que le permite, por ejemplo, reparar una línea sin tener que interrumpir el servicio.
"Si me preguntan a mí, es el logro que más destaco", aseguró Guillermo Baistrocchi. "No creo que exista un circuito privado como éste en otra parte del país", remarcó. El proceso de electrificación comenzó a principios de la década pasada, con la expectativa de reemplazar las viejas instalaciones que funcionaban a gas, disminuir las pérdidas y ahorrar en mantenimiento.
Pero el impacto de la recuperación secundaria, que depende en buena medida de la electricidad, reconfiguró el proyecto y llevó a la firma a ampliar aún más la capacidad instalada. Ahora busca reconvertir ambas usinas para cerrar dos ciclos combinados. Una de las instalaciones ya está comprada a la empresa Siemens y permitirá sumar otros 40 MW. La posibilidad de llegar con electricidad a cada pozo también fue clave para la automatización y ayudó a salvar las enormes distancias dentro del yacimiento.
Fuente: Diario Río Negro
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