Se ha instalado en la industria petrolera argentina una versión que defiende que la mayoría de los reservorios locales son campos maduros que han ingresado inexorablemente en una etapa de declinación. Sin embargo, existe una gran cantidad de yacimientos menores y marginales que están subexplotados por encontrarse en manos de operadoras grandes que, por escala, no valoran su potencial.
Durante el IX Congreso de Exploración y Desarrollo de Hidrocarburos, realizado en Mendoza a fines de 2014, se llevó a cabo una mesa redonda sobre el presente y futuro de los hidrocarburos en la Argentina. De la iniciativa participaron Eduardo Pezzi, Juan Robbiano, Víctor Ploszkiewicz y Pablo Chebli, y fue coordinada por Daniel Kokogian.
Se trataron temas como el off shore argentino, la información pública existente, se vieron los índices económicos y de reservas de la industria en el país, y se charló sobre la realidad de los recursos no convencionales. Se consumó, en definitiva, una discusión sobre la madurez de los yacimientos en Argentina.
Sobre esta temática se suele escuchar que nuestras cuencas son maduras y hasta supermaduras y que los reservorios locales tienen una alta madurez, e inmediatamente se relaciona esta afirmación con el poco futuro y pobre potencial remanente de los campos. Pero en muchos casos se confunden la antigüedad o la larga historia de los yacimientos con su madurez.
Desde una definición más general o conocida, es verdad que los reservorios de nuestro país son maduros, entendiendo por ello a “todo aquel yacimiento que ya ha pasado su pico de producción”. Sin embargo, es preciso recalcar que esto no indica de ningún modo que un campo de estas características sea un campo sin potencial.
Es muy común encontrar operaciones que mucho después de su pico de producción muestren incrementos de su oferta como resultado de la aplicación de nuevas tecnologías o bien por desarrollos de áreas menores que, por diversos motivos, se habían dejado al margen de la explotación original (Fig. 1).
Por otro lado, desde la óptica de la Sociedad de Ingenieros en Petróleo (SPE), existen varios parámetros para definir la madurez de un yacimiento que nos permiten definir mejor o más exactamente cuál es la verdadera situación de los campos y las cuencas en nuestro país. Así, por ejemplo, la madurez de un yacimiento puede ser determinada por cuatro factores. Cada uno de estos factores o metodologías pueden ser analizados en distinta profundidad, de acuerdo con los datos públicos existentes en la Argentina.
PUNTO DE PARTIDA
Es posible construir una matriz relacionando el Factor de Agotamiento (Acumulada/EUR) con la edad del yacimiento para cada una de las cuencas y plotear aquí la situación de cada una de las concesiones de cada cuenca. Sobre este punto es importante hacer dos aclaraciones. Los datos públicos existentes sólo nos permiten trabajar las acumuladas por concesión y no por yacimiento. Además, el EUR se basa en las reservas finales calculadas por cada concesionario y no es el EUR técnica real.
Es aquí donde se nos presenta por primera vez la duda del real valor de las reservas por incluir éstas un factor económico y de proyección de inversiones para estas estimaciones. Queda abierta la discusión sobre si la autoridad de aplicación no tendría que solicitar el total de petróleo contenido por el reservorio (OOIP) y una estimación de factor de recuperación óptimo o esperable en lugar de una certificación de reservas influida por las expectativas de inversión del concesionario.
La Fig. 2 muestra la denominada matriz de madurez, donde en el eje Y se representa la acumulada sobre el EUR (Factor de Agotamiento actual) y en el eje X, la edad del yacimiento. Estas matrices de madurez nos permiten dividir los campos en cuadrantes que definen Yacimientos Jóvenes (menos de 25 años y menos del 75% de recuperación final).
- Yacimientos Maduros Marginales (menos de 25 años y más del 75% de recuperación).
- Yacimientos Maduros Terminales (más de 25 años y más del 75% de recuperación).
- Yacimientos que se pueden clasificar como Viejos (más de 25 años pero menos del 75% de recuperación).
En el gráfico de la cuenca Neuquina se puede observar que más del 50% de las concesiones –ponemos el acento en la definición de concesiones para dejar en claro que no son yacimientos; según el dato público existente en la Secretaría de Energía, se encuentra por área de concesión y no por yacimiento– no han alcanzado aún la línea del 75% de factor de agotamiento, incluso varias de ellas con más de 25 años desde su descubrimiento.
La realidad de la cuenca del Golfo es distinta. Se ve claramente que las concesiones en su absoluta mayoría están en situación de madurez y, en muchos casos, pueden catalogarse como Maduros Terminales (Fig. 3), al igual que en la cuenca Austral (Fig. 4). Las cuencas Cuyana y del Noroeste (Fig. 5 y 6) muestran mayor dispersión en sus concesiones, pero con mayoría de campos maduros según este modo de clasificación.
AGUA-PETRÓLEO
La segunda forma de estimar la madurez que encontramos en los papers es la Relación Agua-Petróleo. Así se estipula que un campo es maduro con Relación Agua-Petróleo mayor a 10 o a 20, según las distintas opiniones; esto significa que se produce 10 o 20 veces más agua que petróleo. La situación de las concesiones de las cuencas del Golfo y Neuquina nos muestra (Fig. 7) que el 70% de las concesiones no han llegado a la madurez. Aunque si tomamos un indicador de 10, el 50% de los campos son maduros. En la Fig. 8 se observa este factor para las demás cuencas productivas.
Este índice también se puede ver en el porcentaje de agua en la producción, donde 10 de Relación Agua-Petróleo implica un 91% de agua en la producción y un indicador de 20 explica un 95% de agua. Con estos porcentajes, vemos en la Fig. 9 que las provincias de Chubut, Neuquén, Río Negro y Mendoza se encuentran sobre el 10 de Relación Agua-Petróleo, pero ninguna ha llegado al 20.
PROMEDIO DE PRODUCCIÓN
El tercer mecanismo de estimación de la madurez en la bibliografía es el promedio de producción por pozo, aunque creo que la influencia de la geología y los reservorios tienen un impacto tan importante en este factor que es casi imposible darle a este mecanismo un valor universal para definir la madurez. De todas maneras, la Fig. 10 muestra la situación por cuenca y por provincia de nuestro país.
ANTIGÜEDAD DE INSTALACIONES
La edad de las instalaciones de un yacimiento la menciono como un factor de madurez simplemente por estar en la bibliografía, aunque no entraremos en discusión sobre el tema por no considerar que represente realmente un factor de madurez sino de vejez o antigüedad de los yacimientos.
EVOLUCIÓN ECONÓMICA
Otra manera de enfocar el grado de madurez es analizando la evolución económica de un yacimiento, para lo cual se debe considerar el tiempo de la producción y el costo de extracción por barril. La Fig. 11 muestra una evolución tipo de estas variables. Como se aprecia, también es posible definir con este gráfico las cuatro etapas de madurez de un yacimiento.
Al enfocarnos en el costo de extracción por barril, observamos que, a medida que avanza la vida de un yacimiento, éste se va incrementando principalmente debido al declino de la producción, pero también debido a un incremento en el costo operativo causado por el propio envejecimiento de las instalaciones que obligan a mayores erogaciones que en un yacimiento joven.
Existe una teoría menos técnica, y quizás más completa, para determinar la madurez de las inversiones que puede y debe ser considerada en esta discusión para determinar la madurez de un proyecto o el desarrollo de un yacimiento. Con este análisis, que un yacimiento sea marginal, o incluso terminal, no dependerá exclusivamente de parámetros técnicos, sino de una decisión financiera.
COSTO DE OPORTUNIDAD
Cuando una empresa posee un porfolio de yacimientos que se encuentran en distintas etapas de madurez aparece el concepto de COSTO de OPORTUNIDAD a la hora de definir el presupuesto de las inversiones a realizar. “Costo de oportunidad es el valor alternativo de un recurso en su mejor uso. Es decir, ¿qué se deja de hacer por invertir un dólar en este proyecto? ¿Qué se deja de hacer por destinar un equipo de trabajo al análisis de un determinado proyecto?”.
Como es lógico, la tendencia será a enfocar los recursos en aquellos proyectos cuyo rendimiento sea mayor al costo de oportunidad de esos recursos. Es aquí donde debemos plantearnos de otra manera la discusión sobre la madurez de nuestros reservorios y concretamente preguntarnos: “¿Yacimientos maduros, para quién?”.
Empresas grandes y con presupuestos abultados encontrarán un costo de oportunidad muy alto para invertir en yacimientos marginales o terminales y tenderán a enfocarse en los yacimientos jóvenes y, en consecuencia, más rentables. Pero empresas con presupuestos más limitados o humildes, sin altos costos de estructura y enfocados en la eficiencia operativa, se presentan con interés en este tipo de yacimientos.
EFICIENCIA
Desde la lógica financiera, el razonamiento que hace descartar proyectos que poseen potencial surge de considerar un equilibrio entre el rendimiento esperado y el riesgo financiero en la selección de carteras óptimas deyacimientos. El rendimiento esperado está dado por el Valor Actual Neto (VAN) promedio de la cartera y el riesgo financiero se define como el desvío estándar que puede tener dicho VAN.
Una cartera es eficiente si ninguna otra tiene mayor valor por el mismo o menor riesgo financiero y si no tiene menor riesgo financiero por el mismo o mayor valor. Cada empresa tiene su propia línea de eficiencia, porque ésta varía de acuerdo con su estructura de capital, su financiamiento, su estructura de costos, sus recursos humanos y su presupuesto de capital.
Por eso, proyectos marginales para ciertas compañías estarían sobre la línea de eficiencia para otras más pequeñas y, por consiguiente, serían desarrollados y no olvidados. Dicho de otra manera, estas empresas poseen una frontera de inversión mucho mayor que las compañías pequeñas, que les permite acceder a proyectos mucho más rentables en su estrategia de negocios (Fig. 12).
CONCENTRACIÓN
Desde este punto de vista, en el que se incluye más claramente el factor económico, es donde hoy existe en la Argentina un importante potencial, más allá de la madurez definida según los parámetros técnicos, dada la gran acumulación de yacimientos en pocas empresas grandes cuyo interés en ellos es pobre o inexistente. Muchos ejemplos interesantes se pueden ver en casi todas las cuencas del país.
Las Fig. 13 y 14 muestran ejemplos de las cuencas del Golfo y Neuquina donde, a pesar de la larga historia de desarrollo y de haber sido considerado algún caso como Maduro Terminal, luego de un cambio de empresa concesionaria o un cambio de política de inversión de la compañía concesionaria se produce un nuevo incremento en la producción y un nuevo cálculo de reservas. Desde nuestro punto de vista, es fundamental, urgente y claramente mucho más rápido, en términos de aumento de la producción y del desarrollo de los no convencionales, determinar técnicamente el grado de madurez económico de las áreas y el potencial real de cada uno de los campos.
MEJOR DESARROLLADOR
Aquí tenemos que volver al tema de las reservas versus el OOIP y el factor de recuperación esperable u óptimo. Como sabemos, hoy la forma de estimar el potencial de nuestros campos, yacimientos o concesiones está dado por las reservas, en cuya definición la intención de inversión del concesionario tiene una implicancia fundamental. El OOIP, en cambio, no depende de factores económicos ni del interés del operador y concesionario.
Conocer el real potencial del yacimiento permitiría establecer objetivos de desarrollo más agresivos, obviamente acompañados de la posibilidad de financiamiento y reglas claras. Esto no implica forzar a las empresas a realizar desarrollos o inversiones que no son capaces o no están interesadas en hacer, sino buscarle a cada yacimiento su mejor desarrollador.
Existen empresas pequeñas con alta calificación y experiencia que podrían ser las encargadas de explotar estos campos que para las empresas que hoy los poseen son Maduros Marginales o Terminales y que, por lo tanto, no tienen el interés necesario para optimizar la producción. Esto generaría no sólo un incremento de los volúmenes explotados de hidrocarburos, sino también nueva renta y más puestos de trabajo.
EL EJEMPLO DE CANADA
En mi opinión, seguir el ejemplo de la industria petrolera canadiense es en la situación actual de la Argentina la mejor alternativa para revitalizar estos campos. Esta organización de la política petrolera permitiría a pequeñas empresas con capitales chicos redesarrollar estos yacimientos, logrando maximizar el rendimiento de los campos en forma integral. A nivel país, se aprovecharía el recurso en forma más rápida.
En definitiva, una simple comparación de la actividad de la industria en Canadá, donde existen más de 2.000 empresas operadoras equivalentes a las menos de 50 en la Argentina, con los niveles registrados en el pasado y en el presente en nuestro país nos permite a grandes rasgos inferir una subexplotación de nuestros yacimientos, no por su madurez sino por el bajo interés económico que para estas grandes empresas representan estos yacimientos (Fig. 15 y 16).
* Por Pablo Chebli, Country Manager Argentina de Central International CorpSuc. Arg. VP Central Resources Inc.
Fuente: Revista Petroquímica
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