
Si después del salto del precio de petróleo, que lo llevó a más de USD 120 por barril, el Brent se ubica en un promedio anual de unos 80 dólares, el saldo podría superar lo previsto en USD 3.000 millo nes. El total, en 2024, había sido la mitad. El Gobierno y los petroleros, festejan
La producción y exportación de gas y petróleo en Vaca Muerta ilustra el ingreso de dólares por la actividad de sus yacimientos
Recalculando, dicen por estos días los petroleros y protagonistas de la industria local de oil & gas , planillas en mano. O del universo “Vaca Muerta”, para ser más claros. Hay una presentación que circula entre los ejecutivos del sector que es –junto al campo– la locomotora de la economía argentina con números que, hasta hace poco, parecían de ciencia ficción. Hay mucho de futuro en esos datos y promesas que hacen brillar los ojos a más de uno, pero hay también cifras que ya son una realidad palpable. O “contable”, ya que se trata de billetes contantes y sonantes.
Por caso: una balanza comercial energética superavitaria en 2024 por primera vez en años, un saldo favorable que el año pasado fue de USD 7.800 millones y exportaciones proyectadas de casi USD 53.500 millones anuales para 2035. Inversiones que rondarán los USD 17.000 millones por año promedio en una década. Y producción de petróleo rozando ahora el millón de barriles diarios, a un paso del objetivo que en hace pocos años sonaba imposible. Conviene mirar los números otra vez, en detalle.
Está claro que Vaca Muerta y sus hidrocarburos no convencionales ( shale ) ya dejaron de ser una promesa. La discusión en el sector hoy es otra: cuánto más rápido puede ir... y qué puede arruinarlo.
Un ejecutivo de una de las petroleras más importantes del país escucha la pregunta de Infobae, hace una breve pausa y sonríe antes de responder de manera contundente:
— ¿Qué le piden al Gobierno?
— Lo único que necesitamos es que no nos jodan. No queremos nada más.
La respuesta rápida incluye una explicación inmediata que también resume el contexto. Hace tres o cuatro años el pedía a gritos precios de mercado, libertad para exportar, disponibilidad de divisas y rever las cargas fiscales, como demandas centrales. En gran parte, con la Ley Bases y el RIGI esos temas fueron encaminados por el gobierno de Javier Milei. Eso permitió acelerar muchas inversiones.
Con todo, el sector asegura que ve algunas dudas en generar más empleo calificado para el sector y en conseguir bajar aún más los costos de capital.
La energía siempre fue un tema en la Argentina. Siempre. Raúl Alfonsín, tuvo apagones y cortes programados. Carlos Menem, privatizó todo. Eduardo Duhalde comenzó con la regulación y Néstor Kirchner se peleó con Daniel Scioli cuando este habló de segmentación eléctrica (suba de tarifas, en resumen) y lo mismo pasó luego con el entonces ministro Roberto Lavagna. Cristina Kirchner puso subsidios, que aumentaron y aumentaron, un esquema que terminó en cepo y otras fuertes restricciones. Mauricio Macri apostó por un “sinceramiento” y megatarifazo y luego reconoció que había perdido la reelección, en parte, por esa medidas. Alberto Fernández siguió con los subsidios y la energía les costó las cabezas de dos de sus ministros “estrellas”, Martín Guzmán y Matías Kulfas.
Fuente: Econojournal
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